APORTES PARA ENTENDER LO QUE PASA EN VENEZUELA

Estimados:
Una primera aproximación sobre las elecciones de Venezuela.
No defiendo a Maduro porque me parece una caricatura mala de Chávez y no ha sabido sacar adelante al país, pero mucho menos defiendo a gente corrupta y vendida como Macri y algunos opositores venezolanos que lo único que quieren es seguir esquilmando a su país como lo hicieron durante mucho tiempo. Un ejemplo: Los “pobrecitos exiliados” venezolanos han invertido 437 millones de dólares (en tres años) en Panamá. ¿Por qué no hicieron algo en su país?
Espero sirvan las reflexiones.

+Jorge Sarsaneda Del Cid 

“La dolencia de amor
sólo se cura
con la presencia y la figura”
san Juan de la Cruz

 
 ¡AMANDLA AWETHU!
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¿Canto del cisne del chavismo?

Juan Agulló y Rafael Rico Ríos

www.rebelion.org/071215

Hace 17 años, el 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez, ganó las elecciones presidenciales en Venezuela por abrumadora mayoría (56.20%). El país sudamericano enterró el bipartidismo y clausuró un ciclo de pesadilla en el que la sucesión de crisis y ajustes estructurales pareció no tener fin.

Ayer, justo 17 años después, Nicolás Maduro, sucesor de Chávez en la Presidencia, perdió el control del poder legislativo que pasará a manos de la oposición. Tras 18 victorias en diversas contiendas, ésta ha sido la primera derrota de cargos electos. A partir de ahora, pase lo que pase, es posible que estemos ante otro cierre de ciclo. Pero, ¿estará el chavismo ante su canto del cisne?

En primer lugar, recordemos que se trata de unas elecciones legislativas, no presidenciales y, por tanto, el ejecutivo continúa gobernando hasta 2019.

Sin embargo, la abultada victoria de la oposición, con más de 100 diputados, le da lo que se llama “mayoría calificada” que le permitirá, entre otras cosas, aprobar o rechazar cualquier ley, dar voto de censura al vice-presidente y ministros, hacer reformas constitucionales, entre otras atribuciones legislativas.

Por otra parte, con la fuerza que ha exhibido la oposición se plantea la posibilidad de convocar un referéndum revocatorio al Presidente de la República, pero estarían obligados a recoger las firmas del veinte por ciento de los electores inscritos y superar en el referéndum los resultados que alcanzó Nicolás Maduro en 2013.

La oposición aún no tiene el gobierno pero esta victoria deja al actual gobierno debilitado ante un escenario de fuerte crisis económica, política y social.

La gran pregunta es por qué después de tantas victorias, esta vez sí ha perdido el chavismo. Para responder a esta cuestión es necesario plantearse qué ha sido y qué es el chavismo.

En sus orígenes, el chavismo pivotó sobre dos grandes columnas:

  1. Una reacción al recetario neoliberal y a la crisis de legitimidad bipartidista que no solucionaba los problemas de las grandes desigualdades dentro de una sociedad venezolana profundamente fracturada.

 

  1. Un proyecto político que, desde que Chávez entró en la escena política en 1992, estuvo orientado a superar la dependencia petrolera y el pésimo reparto de su renta.

 

¿Y qué ha ocurrido en estos 17 años? veamos algunas claves de un primer análisis del día después de una derrota.

Primera clave, enfrentamiento con EEUU

El plantear el reparto y control de la renta petrolera fue para Venezuela firmar una declaración de guerra contra EEUU que considera casi cualquier reserva energética del mundo (y más aún, las del hemisferio occidental) como una cuestión de seguridad nacional. Este enfrentamiento se tradujo en un rosario de intervenciones, mediáticas, económicas, políticas, directas e indirectas, del gigante del norte contra Venezuela, incluyendo el golpe de Estado de abril de 2002. 17 años después, aunque Venezuela ha diversificado compradores, ha seguido dependiendo de Washington. 

Segunda clave, dependencia petrolera

El chavismo ha sido incapaz de reducir su dependencia rentista del petróleo durante estos 17 años. No ha logrado generar tejido industrial, ni recuperar la producción agrícola, ni establecer una economía de servicios medianamente competitiva. Aunque logró retener un porcentaje mucho mayor de la renta petrolera en el país, suficiente para enfurecer a diversos lobbies multinacionales, no consiguió superar la dependencia petrolera y mantuvo las consecuencias de una economía rentista.

Mientras los precios del petróleo fueron altos, el chavismo mantuvo el reparto de la renta con una fuerte apuesta social basada en programas sociales que mejoraron ostensiblemente las condiciones de los sectores más desfavorecidos, redujeron espectacularmente niveles alarmantes de pobreza y proporcionó salud y educación gratuitas a todos los sectores sociales.

Sin embargo, en los últimos años, Estados Unidos, que sigue siendo adicto a las energías fósiles, apostó por el fracking y los países productores de crudo no quisieron disminuir su producción, lo que provocó la fuerte caída de los precios petroleros que impactaron dramáticamente en la economía venezolana y en la sostenibilidad de su modelo social. Fue ahí cuando la escasez de productos de primera necesidad, la ineficiencia, el clientelismo, la corrupción y una política social desestructurada y desorganizada, comenzaron a desgastar los logros del chavismo.

Tercera clave, fracaso con los problemas endémicos

Si preguntan en la calle por qué ha perdido el chavismo estas elecciones, la respuesta es muy clara: escasez de productos, subida de precios, desabastecimiento e inseguridad. Sin embargo, estos problemas, que han generado un creciente malestar en la población, se vienen incubando desde hace años, son producto de unas inercias estructurales que el chavismo creyó poder conjurar con solo evocarlas pero que ha sido incapaz de superar. El gobierno se ha defendido argumentando que son inducidos por factores con intereses contrarios al proceso pero este argumento, en esta ocasión, no ha sido suficiente para convencer a las mayorías.

Cuarta clave, falta de institucionalidad

El chavismo fue incapaz de generar una institucionalización que asentara conquistas sociales y el diseño de un nuevo modelo de Estado que mantuviera de forma sostenible y eficiente un sistema político y económico orientado a la igualdad y a la justicia social.

 Quinta clave, radicalización de la oposición

La oposición no solo es heterogénea sino que está profundamente dividida. La violencia callejera promovida a principios de 2014 por Leopoldo López y María Corina Machado, minó el liderazgo de Henrique Capriles Radonski que pretendía un acercamiento al chavismo y trataba de alcanzar unos acuerdos de mínimos en temas claves como la inseguridad. Esta división de la oposición ha permitido que durante estos 17 años los sectores radicales de extrema derecha tomaran la iniciativa política impidiendo cualquier acuerdo de Estado entre gobierno y oposición y generando un clima de ingobernabilidad constante que ha obstaculizado el desarrollo de las políticas del gobierno.

 Sexta clave, heterogeneidad del chavismo

El chavismo tampoco es homogéneo. El malestar social endémico que dio origen al chavismo aglutinó en un mismo proceso distintas sensibilidades políticas, distintos sectores sociales, visiones de país, civiles y militares. Esta heterogeneidad ideológica, que ha sido fortaleza en la unidad y como bloque contra las embestidas de la derecha, sin embargo, ha impedido el diseño de políticas claras y coherentes. El chavismo se ha convertido más en un sentimiento político de unidad de sectores políticos y sociales heterogéneos frente a una clase dominante que en una doctrina política claramente definida.

Esta derrota es un toque de atención no solo al chavismo sino a la izquierda en general cuando tiene que pasar de las intenciones, del discurso por la igualdad y la denuncia de las injusticias sociales, a gobernar con políticas viables que den solución a las necesidades concretas de los ciudadanos.

 Conclusión

Los resultados de la elección de ayer pueden ser engañosos. En 1972, en un librito titulado “Venezuela contemporánea, ¿un país colonial?”, el historiador Federico Brito Figueroa sostenía que su país, en buena medida como consecuencia de la producción/dependencia petrolera, era un excelente ejemplo del colonialismo posterior a la descolonización. Es verdad que hasta cierto punto Chávez acabó con la tutela extranjera pero no con la dependencia petrolera y sus nefastas consecuencias sociopolíticas. ¿Lo hará la oposición?

Aunque suene a tópico, lo cierto es que ante la fuerte polarización que vive y padece la sociedad venezolana, la oposición debe asumir su victoria con responsabilidad ante el reto que le han concedido los ciudadanos, algo de lo que hasta ahora no ha hecho gala. Su victoria se debe más al fracaso del gobierno en afrontar los problemas que azotan el país que a méritos propios como opción política que ilusione a las mayorías.

El voto a la oposición, como su nombre indica, es un voto de oposición más que un voto de construcción y no se debe olvidar que las políticas de la llamada Cuarta República, con su viejos dirigentes que siguen activos, tampoco pudieron solucionar los problemas endémicos irresueltos, dependencia petrolera, el reparto de la riqueza, las desigualdades, la marginalidad o la inseguridad.

Mientras tanto, el chavismo, que no es solo este gobierno, ha dejado una profunda conciencia política en el pueblo venezolano que ha marcado un antes y un después en la historia de este país y con capacidad y fuerza suficiente como para renovarse y generar nuevos actores y movimientos políticos que entren en la escena política venezolana y latinoamericana. Que nadie lo dé por vencido.

* Juan Agulló es sociólogo (geotlati@gmail.com); Rafael Rico Ríos es Ingeniero de Telecomunicación (@rafaelricorios)

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Apuntes sobre las elecciones legislativas en Venezuela

Alejandro Fierro

http://www.publico.es/071215

1.- Limpieza electoral, una vez más.
El proceso electoral ha sido escrupulosamente limpio, como viene ocurriendo desde hace 16 años. Y como también sucede en cada cita con las urnas, la oposición, tanto interna como externa, agitó el proceso con denuncias infundadas, manipulaciones informativas, votos comprados, clientelismo, gritos de fraude, expresidentes que llegan en tropel a Venezuela, no reconocimiento de la victoria por parte de Maduro…

Poco se puede hacer ante su enorme poder mediático, por más que, elección tras elección, se demuestre la inconsistencia de sus argumentos. Tal vez habría que pensar que, en efecto, en Venezuela las elecciones no se desarrollan con normalidad. Pero no por culpa del chavismo, sino por una oposición que crispa el ambiente hasta más allá de lo razonable.

2.- Es la economía, una vez más también.

El verdadero adversario del chavismo en estas elecciones era la situación económica y no ha podido derrotarla. Con independencia de las causas, lo cierto es que el electorado ha utilizado estos comicios parlamentarios para castigar la gestión del gobierno de Nicolás Maduro. La escasez y la inflación han pesado más en el ánimo del votante que los evidentes logros alcanzados en estos 16 años o los esfuerzos del Ejecutivo para garantizar los proyectos sociales, a pesar de unos ingresos mermados por la bajada de los precios del petróleo. Extravagancias como la supuesta ausencia de libertades o la naturaleza autoritaria del chavismo son para consumo externo.

3.- La oposición no seduce, pero gana…

…o gana, pero no seduce. Le ha bastado con sentarse a esperar la derrota del chavismo. Su mensaje se ha limitado a señalar aquello que estaba mal y a postularse como el cambio. No ha ofrecido ni alternativas ni un proyecto de país. Tampoco ha desvelado su agenda económica. Se lo impedía la más que probable orientación neoliberal. Le ha valido con el valor del cambio por sí mismo, la mitificación del concepto de cambio. Se puede concluir por tanto que la oposición no ha ganado las elecciones, sino que las ha perdido el chavismo.

4.- Objetivo Maduro

Líderes de la oposición ya se han apresurado a decretar el final del chavismo. No se van a conformar con actuar políticamente desde donde el pueblo los ha colocado con su voto, que no es en otro sitio que en la Asamblea Nacional. El temor en Venezuela es hasta dónde van a llegar en su objetivo de derrocar a Nicolás Maduro. En el pasado reciente han demostrado que están dispuestos a todo, ya sea por medios legales o ilegales. Y tienen prisa por obtener aquello que el electorado les viene negando repetidamente. Se espera un año convulso en el que no es seguro que la oposición circule siempre por los cauces constitucionales. En el fondo, esto supone no reconocer los resultados.

5.- ¿Una victoria pírrica?

Cuando Pirro, rey de Epiro, contempló a su ejército devastado después de una batalla contra los romanos que, no obstante, había ganado, exclamó: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”. Desde entonces, la expresión “victoria pírrica” se utiliza para señalar un triunfo a tan alto coste que probablemente derive en una derrota posterior (y no para designar un triunfo por la mínima, como a veces se emplea de forma errónea).

La primera elección a cargos públicos que pierde el chavismo puede servirle como acicate para reconectar con un pueblo que demanda mayor contundencia en las políticas, sobre todo en las económicas. Con la presidencia en su poder, más las gobernaciones de 20 de los 23 estados y el 75 por ciento de los ayuntamientos, el chavismo mantiene una enorme capacidad de iniciativa política. Tiene, además, una capacidad de resiliencia sorprendente. De cada dificultad –golpes de estado, paros patronales, sabotaje de la industria petrolera- sale fortalecido y siempre por la izquierda.

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Peligros y oportunidades en Venezuela

Juan C. Monedero

http://www.publico.es/071215

Primera reflexión evidente: si Venezuela es una dictadura ¿cómo es posible que haya ganado la oposición?

Todos los que han estado cuestionando la democracia venezolana debieran disculparse hoy (es retórica: nunca lo harán. Los que creen que el poder les pertenece por familia y dinero se creen con patente de corso permanente). El Presidente Maduro salió inmediatamente a reconocer el resultado. Como debe ser. La oposición, invariablemente, ha desconocido todos los resultados electorales en donde ha perdido desde 1998, la primera victoria de Hugo Chávez. Unas veces en bloque, otras dividiéndose entre ellos.

Los menos leales con la Constitución siempre han sido Leopoldo López y María Corina Machado, cuya actitud no ha sido seguida por Capriles que siempre ha optado por la vía electoral. El PP, con mucha influencia del Opus Dei en sus relaciones con Venezuela -la otra influencia es netamente económica, como cuando Felipe González le regaló Galerías Preciados a Gustavo Cisneros- siempre ha estado más cerca de los golpistas. Nostalgias de los orígenes de la derecha española. Venezuela ha estado a la altura: elecciones limpias y reconocimientos sin duda alguna del resultado. Ojalá fuera igual en México o en Estados Unidos.

Es igualmente evidente que la economía ha pasado factura al gobierno de Maduro. Es injusto que una crisis que no ha generado el continente sudamericano -recordemos que nació con la quiebra de Lehamnn Brothers en Estados Unidos- la esté pagando como si hubiera sido su responsabilidad. El hundimiento de los precios del petróleo (es como si en España se redujera un 80% el turismo) es un golpe difícil de resistir, aún más cuando la crisis es utilizada por la oposición para golpear al gobierno con formas sofisticadas de “guerra económica” (presiones para romper la OPEP y mantener bajos los precios del petróleo, acaparamiento de bienes, subida intencional de precios, fraude en el cambio del dólar, contrabando, guerra psicológica alimentada por los medios de comunicación, sabotajes).

Hay escenarios en la pelea política venezolana que han recordado mucho el escenario previo a septiembre de 1973 que preparaba el golpe contra Salvador Allende. Esperemos que la comunidad internacional esté atenta ante cualquier intento espurio de querer ganar fuera de las urnas lo que sólo debe ganarse en las urnas.

Por último, es evidente que el gobierno de Maduro tiene igualmente su responsabilidad. El golpe que supuso la pérdida de Chávez no fue menor. Los equilibrios que había construido Chávez no han sido heredados por Maduro. Reclaman más tiempo. Y la oposición, consciente de esa debilidad, no ha dejado de hostigar en estos últimos tres años.

El Presidente Maduro, por un lado, no ha tenido éxito a la hora de hacer valer en la población venezolana los logros de los últimos 17 años. Pasó en Europa cuando la clase obrera convertida en clase media terminó votando a Margaret Thatcher. Es cierto que incluso la oposición ha reclamado a Chávez como si fuera un valor propio, pero era mera propaganda. No es muy creíble proviniendo de quienes siempre le adversaron.

El riesgo de desmantelamiento de la apuesta pública bolivariana por la sanidad, la educación, la vivienda, la alimentación, está servida por la oposición (veamos lo que va a empezar a pasar en Argentina). Si el pueblo no lo ha entendido, es responsabilidad del gobierno y de la gente con conciencia. Si la propaganda de la oposición es buena, es la obligación del gobierno desenmascararla. No han sabido hacerlo.

Igualmente, el gobierno no exhibe buenos resultados -pese a grandes avances en los últimos meses- en la lucha contra la corrupción, la violencia, el negocio de la importación de alimentos, el control de los fraudes cambiarios, los empleos para las clases medias formadas y la inflación. Aunque todos esos rubros formen parte de la guerra económica, si no triunfas, te han derrotado. Y eso es lo que han expresado las urnas.

Ahora es momento de discutir conjuntamente, gobierno y oposición, las necesidades de Venezuela. De las mayorías. De la gente. Igual que el presidente Maduro ha aceptado el resultado de las elecciones parlamentarias, la oposición debe asumir que el presidente constitucional de Venezuela es Maduro, y deben respetar las elecciones presidenciales que le otorgaron el mandato. Desde ese doble reconocimiento debe empezar las negociaciones sobre las soluciones que reclama el país.

Sería un error de la oposición repetir lo que se hizo tras el golpe contra Chávez en 2002: empezar a desmantelar la institucionalidad vigente. Algunos análisis este mismo lunes de líderes de la oposición apuntan en esa dirección -cambiar, en caso de que la mayoría parlamentaria lo permitiera, todos los cargos posibles, construyendo un “dique” opositor al gobierno de Maduro-. Algunos parece que no aprenden nunca.

Con urgencia, esas soluciones compartidas pasan por la subida del precio de la gasolina, repensar el gasto público, lucha contra la corrupción, perseguir el acaparamiento y la subida artificial de precios (ahí la oposición puede hablar con los empresarios importadores, principales responsables de este problema), regulación radical del control de cambios (la oposición debe presionar allí donde el gobierno solo no pueda) y establecimiento de una base productiva que se emancipe de la renta petrolera.

Sobre esos asuntos gobierno y oposición debieran encontrar acuerdos firmes. Y eso será posible si la oposición escucha las necesidades de Venezuela, no los mandatos de los Estados Unidos ni de las empresas extranjeras que buscan volver a hacer del país caribeño un puerto de las nuevas prácticas piratas. Es un buen momento para ver si, por fin, la derecha venezolana está dispuesta a apostar por su país.

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