ELECCIONES PARLAMENTARIAS EN VENEZUELA

DSC00785.JPGAlguien dijo que “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.” En Venezuela, es mejor sufrir el castigo de una derrota a tiempo mientras se puedan hacer las enmiendas necesarias. La dialéctica es así: con frecuencia hay que echar para atrás para poder avanzar.

Hubo quienes me tacharon de insensato por decir que en Brasil sería bueno que ganara Marina Silva, de forma que la gente experimentara los rigores de la derecha y las contradicciones de un discurso y un proyecto mal articulado, a la vez que ocurrieran los procesos de renovación necesarios en el gastado modelo del PT, para que, reforzado con los cambios que la dialéctica impone a los derrotados, radicalizara su opción hacia el cambio revolucionario.

Pero ese no es el caso, y el PT está más desgastado y cuestionado que nunca. Aun así, si el PT perdiera una elección, no se desintegraría. Habría oportunidad para hacer enmiendas y para aprender la lección suprema de que solo la radicalización de los objetivos colocará el rejuego dialéctico en un nivel superior hacia la desaparición de las clases.

La gente de cierta izquierda se equivoca soberanamente cuando desconfían de la labor progresista realizada por el reformismo. La nueva derecha está asumiendo parte del discurso de la izquierda y promete por doquier respetar los avances sociales. No pueden hacer otra cosa, pues parece que han entendido, antes que la izquierda, que la gente no es una “masa”, y que si quieren ganar las elecciones, deben prometerles que mantendrán los avances sociales que un gobierno de izquierda les ha procurado. Discurso engañoso, es verdad, pero, ¿hasta qué punto se arriesgaría la derecha a llevar el engaño hasta niveles previos a 1998? ¿No sería mejor confiar un poco en la gente y permitirles que apliquen el castigo a la corrupción y al burocratismo que crece como un cáncer en el PSUV, mientras estos puedan ser extirpados, la crítica y a autocrítica se asimile y se hagan los cambios y renovaciones que la lección de la derrota imponga? ¿No es mejor confiar en los años de formación política sistemática, de educación de cuadros, de colocación del enfoque sobre los marginados, de concienciación de clase? ¿Piensan que porque la gente vota por la derecha es porque está “desclasada”? A pesar de los discursos apocalípticos que tienen los que creen que la izquierda es como un toro que debe dedicarse a embestir hacia adelante, lo cierto es que los pueblos dan lecciones y el PSUV, aunque salga derrotado, no está aniquilado. En la guerra es bueno retirarse con orden, pues la tropa entiende el revés, los estrategas preparan la defensa y pueden ajustar lo necesario para el contraataque.

Hay factores objetivos y subjetivos, internos y externos, que determinan el agotamiento de un modelo. Eso es todo. En Venezuela, al sempiterno enemigo imperialista y a una oposición que no ha dudado en recurrir al golpismo (cosa que saben muy bien los venezolanos; si no, Chávez no hubiera pasado del 2002) hay que unirle el surgimiento de una burocracia parásita (la “boliburguesía”) que sangra los recursos venezolanos con la complicidad de opositores inescrupulosos (allí se acabó la rivalidad de clase) y el hecho de que el precio del petróleo ha caído drásticamente, al igual que el de muchos “commodities”. Chávez administró Venezuela en tiempos de bonanza que permitieron que hasta se perdonara a los boliburgueses y se toleraran los niveles de violencia; pero a Maduro le ha tocado bailar con la más fea, sin haber podido superar la dependencia rentista, y la mucho mejor repartición de la renta petrolera heredada de su antecesor ahora resulta que se ha reducido en 60%, con el natural descontento de los beneficiarios.

Afirmo que, desde cierta perspectiva, es hasta sano que en Venezuela la oposición de derecha (que por cierto tiene muchos aliados de izquierda, porque así de estirado es el elástico de la MUD) ganara las elecciones. Hay dos razones: la primera es que unas elecciones perdidas dan oportunidad para realizar las enmiendas necesarias al modelo, para renovarlo, para analizar el error y aislar a sus causantes, examinar las circunstancias, cambiar el esquema. Si no se han fijado algunos, la nueva derecha latinoamericana está empezando a recoger los frutos de la asimilación de sus errores. Acaban de ganar en Argentina con un Macri que proclama garantías de no tocar los avances sociales del Kirchnerismo, pero que tiene sus propios planes con respecto a las políticas mundiales y hemisféricas, planes de la reacción proimperialista y de derecha, por supuesto. Todos sabemos que esa es una contradicción y que más temprano que tarde se notarán los colmillos del lobo, ya que los imperialistas pasarán su factura, pero, de nuevo, también es asunto de que se renueven y purguen las fuerzas de la izquierda y de que estén dispuestas a llevar sus intenciones más allá del reformismo; y más importante aún, también es asunto de confiar en que la gente, más educada en el campo de la visión progresista, difícilmente va a aceptar dócilmente que le arrebaten las conquistas y avances sociales y el enfoque crítico de su pensamiento.

La segunda razón, que es más atinente a las particularidades de Venezuela es que con una oposición más involucrada en la administración de los asuntos del Estado ya no habrá mucha oportunidad para echarle la culpa solamente a Maduro de los males de la nación. El sabotaje y la guarimba son blasones de la derecha venezolana, pero hay que ver si se los aplicarán a ellos mismos o más aún si consentirán que otros se los apliquen. Por ello no me extraña que haya políticos como Capriles llamando a la “cordura”, pues hay algunos exultantes que desean aprovechar la ola para llamar a elecciones presidenciales anticipadas, pero la MUD, aunque haya ganado las parlamentarias, dista aún mucho de estar en capacidad de formar gobierno, por su desunión e indisciplina. Su rol desde el parlamento será el de fomentar las condiciones para desdibujar al Ejecutivo y crear mecanismos de cohesión que los articulen hacia la obtención del poder. Trabajo asaz difícil en un país donde la situación, si bien no es halagüeña, no es en modo alguno desesperada para el oficialismo. No sería la primera vez que en cualquier país del mundo un ejecutivo tenga que gobernar con un legislativo en contra. Y me atrevo a predecir, atendiendo a la naturaleza de muchos políticos venezolanos, muy parecida a la de los panameños, que existe una alta posibilidad de que el matraqueo, el soborno, la compra de conciencias y el chantaje ponga a algunos diputados opositores “del otro lado de la fuerza”, con lo que la excitación bajará y hasta habrá decepción en los votantes que confiaron en ellos.

Luego, parece señalado el camino del oficialismo venezolano: seguir fomentando la desunión de la MUD y quizás la corrupción de los diputados que necesite,según el “Modelo Martinelli” por una parte y, por la otra, aplicar correctivos en su propio enfoque político y profundizar en los cambios progresistas, pues estos son la única garantía de la prolongación de los avances y de la búsqueda de que los procesos dialécticos se ubiquen política y socialmente en otro nivel, en tanto que las triquiñuelas politiqueras nunca bastan cuando un pueblo en verdad se cansa y sobrepasa a sus políticos de gobierno u oposición. Esta, por su parte, no podrá ganar el Ejecutivo muy pronto, pues se lo dificultan sus condiciones internas, y entrará en una carrera contra el oficialismo para evitar que les “convenzan” a sus diputados, de modo que estos muestren una cohesión mínima que les sirva como plataforma para profundizar las contradicciones que se atribuyan directa o indirectamente a la administración de Maduro y hagan mella en su gestión a la vez que ellos configuran un liderazgo que los aglutine y canalice la decepción que desean fomentar con el fin de recuperar el poder.

Panamá, 7 de diciembre de 2015.

José Ángel Garrido Pérez
Especialista en Lengua y Literatura Española

COMUNÍCALO BIEN
SERVICIOS LINGÜÍSTICOS
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ASESORÍA, CORRECCIÓN Y ESTILO, PERITAJE
CURSOS Y SEMINARIOS
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