Si los católicos fueran católicos…

 

CADILLACSer católico en estos tiempos debe ser despistante. A algunos les parece que el papa Francisco anda revolviendo el patio con declaraciones y principios tan nuevos que no da tiempo a asimilarlos. La realidad es que Bergoglio no está haciendo más que desempolvar la doctrina social de la Iglesia católica y, en todo caso, recordando algunos elementos clave del cristianismo: tan alejado de la burocracia política de la Iglesia más rancia y manipuladora.

Digo que debe ser duro ser católico militante porque, en el extraño caso de practicar la coherencia, toca mover ficha. Es raro declararse católico y, por tanto, creer en la “infalibilidad papal” y, al mismo tiempo, llevar una vida contradictoria con lo que está planteando Francisco en cada discurso, en cada encuentro, en cada texto.

Dudo de que la mayoría de católicos se haya leído la encíclica Laudato Si. Yo, que soy tan católico como atleta de élite, lo he hecho y, aunque no plantea nada sorprendente, sí obligaría a miles o millones de católicos a cambiar su forma de vida, su percepción sobre las empresas, su relación con el poder. En su capítulo sexto, Francisco escribe: “[el paradigma tecnoeconómico] hace creer a todos los hombres que son libres mientras tengan la libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero”. Y anima: “Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio en la sociedad”.

Son palabras que podría suscribir y que contienen un llamado a la rebeldía ante el sistema individualista y consumista que se apodera de nuestras individualidades hasta convertirnos en casi nada, aunque lo tengamos todo. Hace apenas unos días, el Papa se encaramó en la tribuna de la asamblea general de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para recordar cómo los Estados utilizan de forma torticera a la propia ONU para legitimar guerras inmorales (¿no son todas las guerras inmorales?): “Cuando, en cambio, se confunde la norma con un simple instrumento para utilizar cuando resulta favorable y para eludir cuando no lo es, se abre una verdadera caja de Pandora de fuerzas incontrolables, que dañan gravemente las poblaciones inermes, el ambiente cultural e, incluso, el ambiente biológico”.

Y, en algunas de sus últimas intervenciones, ha intentado sacudirse la caspa eclesial frente a temas tan aceptados socialmente y criticados desde los púlpitos, como el divorcio o la homosexualidad. ¿Y los católicos? Los católicos siguen todavía perplejos, sin hacer caso a su Papa “infalible”, porque no les gusta lo que escuchan porque, de hacer caso, les obligaría a cambiar de vida, a apostar por un estilo basado en la “sobriedad y humildad”, en el amor “civil y político”. Es mejor hacer ruido, no prestarle atención al representante de su dios en la tierra y seguir como si esto fuera una pesadilla que más pronto que tarde pasará.

Así son nuestras sociedades: sordas y ciegas para evitar asumir responsabilidades y para no reconocer en el otro el sentido de nuestra propia vida.

No me voy a convertir al catolicismo militante, pero sí espero el milagro de que los que así se consideran, los que van a misa, bautizan a sus hijos, rezan, se confiesan, se dan golpes de pecho ante la grandeza insondable de su fe se conviertan a su propia religión. Nunca me han gustado los clubes privados con dios propio, pero tendría sentido vivir cerca de uno de ellos si dentro se fomenta la vida digna, humilde, compartida y solidaria.

El papa Francisco no puede obrar el milagro. Tendrá que ser una alianza entre los católicos que siempre estuvieron en línea con las enseñanzas de su Mesías la que hale de la Iglesia oficial, de los purpurados, de los que gozan del poder, de los que nunca entendieron que es imposible hablar de Dios y negociar con el diablo. Tendrá que ser un salir del ensimismamiento para practicar lo que el cura Camilo Torres denominó“el amor eficaz”. Es decir, ese amor político que se practica en el terreno, en la práctica, que se traduce en solidaridad y en lucha por el cambio político para lograr –“como cristianos auténticos”, escribía Camilo– que las mayorías sean reconocidas y que la injusticia pase de ser la lógica del sistema a la excepción. Amén.

Paco Gómez Nadal

Opinión, La Prensa, 29 de septiembre de 2015

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Una respuesta a Si los católicos fueran católicos…

  1. Jorge E Macías Jaramillo dijo:

    El Papa Jorge Bergoglio está demostrando que es un seguidor de los Pasos, sobre todo las acciones de Jesucristo frente a los demás,frente a los pobres . et. , un fiel practicante de la a teología de la liberación de los pobres y que está dando el ejemplo de amor, piedad y perdón, De seguro como seguidor de Jesús estará dispuesto a abrazarse a la cruz como lo hizo el Divino Maestro.

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