“…el valor de la memoria, el sentido de la historia y la relevancia de la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de América.”

Mural en la ciudad de Panamá realizado por la brigada Felicita Santizo. Foto HEH

Mural en la ciudad de Panamá realizado por la brigada Felicita Santizo. Foto HEH

PALABRAS DE LA DRA. ANA ELENA PORRAS

ORADORA PRINCIPAL
EN EL ACTO DE CELEBRACIÓN Y RECONOCIMIENTO
DEL COLEGIO NACIONAL DE ABOGADOS Y LA ALIANZA ESTRATÉGICA NACIONAL
POR LA APROBACIÓN DE LA LEY 37 DE 2015
Panamá, 18 de junio de 2015

Muy queridos organizadores de la Alianza Estratégica Nacional de este feliz evento, sus anfitriones del Colegio Nacional de Abogados, los compañeros de la Asociación de Profesores de Panamá, que defendieron junto al Movimiento Ciudadano por la Identidad Panameña la campaña cívica por el rescate de nuestra memoria histórica en la icónica asignatura nacional de la Historia de las Relaciones de Panamá y los Estados Unidos de América. La Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá que se sumó a este proceso con solidaridad nacionalista, el Diputado Juan Miguel Ríos quien propuso y prohijó la Ley 37, la Ministra de Educación, Ing. Marcela Paredes quien inmediatamente apoyó esta causa patriótica. A todos ustedes agradezco la distinción que me hacen esta mañana como Coordinadora del Movimiento Ciudadano por la Identidad Panameña y me sumo al homenaje que hoy rendimos al Dr. Julio Yao por impulsar la creación de esta cátedra en la Universidad de Panamá y al Dr. Julio Linares, un reconocimiento póstumo, por ser el padre de la patriótica asignatura.

Amigas y amigos (esta expresión, por cierto, ha sido censurada por la Real Academia de la Lengua Española por redundante y que yo enarbolo, cada vez que puedo como bandera prohibida de la equidad de género).

Hoy nos congrega aquí la feliz ocasión de celebrar un importante triunfo de la sociedad civil frente a la imposición de políticas públicas contra el derecho de los panameños a su memoria histórica, en este caso: a conservar, actualizar y profundizar su memoria de la apasionante historia de las relaciones entre Panamá y los EEUU. La recuperación de esta asignatura, gracias a la aprobación de la Ley 37 de 2015 es el triunfo de la sociedad civil sobre el poder político; el triunfo de la concertación democrática entre diferentes actores y grupos, un acto de soberanía nacional y una reivindicación popular.

Hoy deseo compartir con ustedes algunos temas vinculados con este feliz acontecimiento como son: el valor de la memoria, el sentido de la historia y la relevancia de la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de América.

1. EL VALOR DE LA MEMORIA

Respecto al valor de la memoria quiero referirme a un artículo recientemente publicado en un diario local del escritor español J.J. Armas Marcelo y que se titula “El prestigio de la Memoria”. Allí se plantea que la memoria lo es todo para el individuo, para la ciencia y el conocimiento. Y que felizmente, en nuestros tiempos, está siendo rescatada del olvido y desprestigio a los que fue relegada hace dos generaciones en Occidente, cuando que fue desplazada por las ciencias prácticas y economicistas. Al leer esto, pensé que el autor se refería a un proceso europeo o del G-7, porque en Panamá todavía no ha llegado tan renovadora ola, en la que (sin saberlo) somos pioneros locales, a contra corriente y a puro pulmón.

Por otra parte, afirmaciones expresadas en conferencias y novelas por los prestigiosos escritores Guillermo Cabrera Infante y Gabriel García Márquez, destacadas en el referido artículo aseveran que los seres humanos “somos lo que recordamos”, y que “la memoria alimenta nuestro instinto de conservación”. Si bien es cierto que el artículo de Armas Marcelo cita y reconfigura estas ideas en el contexto del ser individual, me tomo la licencia de extenderlas a las comunidades y naciones, porque permiten entender mejor porqué la memoria histórica y la identidad cultural de los pueblos han sido identificadas y defendidas como derechos humanos recientemente por la Organización de Naciones Unidas.

Añade el escritor español que hay quienes prefieren olvidar para ser felices, porque asumen que el recuerdo alimenta el rencor. En respuesta, señala que cuando olvidan algo voluntariamente, lo olvidan todo: lo feliz y lo triste; el amor y el rencor; las victorias y los fracasos. Y que, finalmente, lo peor es olvidar, hacer como si las cosas nunca sucedieron porque en ello hay pérdida total de la experiencia vivida y de las lecciones aprendidas. El olvido es, en suma, “malo para la memoria, malo para el recuerdo, malo para la vida”. Agrega que hay un “rencor bueno”, que es aquél que alienta la memoria y un “rencor malo” que es el que termina envenenando de odio al rencoroso.

Podemos inferir de lo anterior que la memoria es la espina dorsal para el funcionamiento sano del ser humano (individual y colectivo) en sus relaciones sociales, en su aprendizaje de los distintos saberes, para el desarrollo exitoso de su personalidad y para su supervivencia, así como también lo es para el avance de la ciencia y para la actualización del conocimiento. ¿Cómo puede entonces considerarse la memoria como algo inútil e indeseable?

2. EL SENTIDO DE LA HISTORIA

No me cabe duda de que la historia es un conocimiento que profundiza nuestra humanidad en cuanto que nos vincula, como individuos pertenecientes a una comunidad y a una época, fortaleciendo la conciencia sobre nuestra propia existencia y personalidad, al mismo tiempo que nos permite reconocer la existencia y personalidad de otros individuos y naciones, humanizando nuestra percepción del otro, y acercándonos a su humanidad, lo que contribuye a la cultura de paz.

El filósofo mexicano Luis Villoro, en su ensayo sobre “El Sentido de la Historia” confirma la tesis de que el estudio de la historia, hace comprensibles los lazos que unen a una colectividad promoviendo actitudes positivas hacia ella y ayudando a consolidarlas. Por tanto, infiere que “ninguna actividad intelectual ha logrado mejor que la historia dar conciencia de la propia identidad a una comunidad”. También plantea el famoso pensador que la historia anti oficial cuestiona las versiones históricas convencionales desarrollando un pensamiento crítico, el cual promueve el pensamiento del cambio. Por tanto, el estudio de la historia contiene esta paradoja de generar cohesión y continuidad, al mismo tiempo que genera crítica para el cambio.

Por su parte, el historiador Luis González, también mexicano, profundiza sobre el valor de la historia crítica en su ensayo titulado “De la Múltiple Utilización de la Historia”. Identifica en ella “el tipo de sabiduría histórica que se complace en lo feo del pasado y que suele atribuírsele una función corrosiva”. Señala que muchos la rechazan porque ven en la historia crítica la función de “despertar el odio”. Esta historia, según él, es “la historia aguafiestas que, no obstante, genera un saber libertario, que denuncia los recursos de opresión por parte de opulentos y gobernantes; que en vez de legitimar la autoridad la socava; que cuenta la historia de los oprimidos; que estudia intervenciones nefastas de países imperialistas en naciones frágiles”…. Como si fuera poco, añade este mexicano que “la historia crítica es como la desenterradora de traumas, maltratos, horrores, rudezas y barbaries”…, inspiradora para la acción transformadora y creadora de un discurso liberador. Este tipo de conciencia histórica, concluye, realiza una auténtica catarsis y una liberación de nuestro inconsciente sociológico respecto a frustraciones, despojo, dolor y humillaciones vividas en el pasado.

3. LA HISTORIA DE LAS RELACIONES ENTRE PANAMÁ Y LOS ESTADOS UNIDOS

La asignatura de historia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos se ha construido desde la trinchera de la historia crítica panameña, indudablemente, contando las historias de dominación y expansión de los EEUU en Panamá, que inició como protector de la nueva república para transformándose inmediatamente en conquistador y amo. El énfasis en las relaciones entre Panamá y los EEUU teje un hilo conductor que une y da sentido a estas historias sobre un imperio contemporáneo en expansión y una nación estratégica y frágil en búsqueda de su supervivencia y soberanía nacional. Esta historia panameña tiene la particularidad de contar la historia haciendo énfasis en las relaciones de poder entre los actores, y en sus relaciones de simbiosis (para la separación de Colombia, la construcción del anhelado Canal y el saneamiento de las ciudades de Panamá y Colón principalmente) y de atropello a la soberanía de Panamá (las múltiples intervenciones, invasiones y ocupaciones militares de los EEUU) en esa difícil e inevitable relación entre Panamá y los EEUU durante parte del siglo XIX y durante todo el siglo XX. Para estudiar esta asignatura, debemos cultivar solamente rencor del bueno, como diría Armas Marcelo, ése que estimula y desarrolla la memoria y alimenta el instinto de supervivencia de nuestra pequeña importante nación. Esta historia de Panamá incluye un amplio repertorio de relatos en su historia crítica que ofrece episodios de sometimiento por la fuerza militar (siendo la invasión del 89 el ejemplo más reciente y cruel) entre otros relatos heroicos, como las historias de movilizaciones populares y estudiantiles por la soberanía nacional, predecesoras a la gloriosa gesta del 9 de Enero, las cuales conducen, en un relevo generacional, a la nacionalización del Canal de Panamá, a la descolonización de la Zona del Canal y la eliminación de las bases militares estadounidenses acantonadas en nuestro país. El historiador panameño Ricardo Ríos Torres define esta historia panameña como “La épica de la soberanía” en su ensayo más reciente con el mismo título. Y recomienda también el otrora dirigente estudiantil que la nueva generación de maestros de la asignatura referida debe sembrar banderas panameñas en los corazones de nuestras nuevas generaciones de jóvenes.

En esta narrativa histórica sería injusto excluir la imporatante participación del ex presidente James Carter, quien representa el mejor rostro de la sociedad estadounidense y de su tradición defensora de los derechos humanos, que contribuyó significativamente en la descolonización de Panamá desde el otro lado de la historia que compartimos con ese país.

Además quiero destacar que la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos pertenece a la fase más reciente de nuestra larga historia de conquista, colonizaciones y anexiones, convirtiéndose en columna vertebral de los procesos de construcción de la identidad panameña. La historia de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos no ha cerrado aún su ciclo o fase, porque sigue viva, como lo comprueba la reciente invasión a nuestro país en 1989 (por señalar apenas un acontecimiento extremo y notorio). No sucede lo mismo con las épocas hispánica y colombiana de nuestro recorrido histórico, que fueron superadas, argumento que justifica el estudio especializado de la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, en una asignatura específica y autónoma.

Tampoco puedo pasar por alto en una ocasión como ésta las palabras de una autoridad académica quien expresó públicamente en días pasados que “la historia de Panamá va más allá de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos” y que “estas relaciones existen incluso antes de que existieran Panamá y los Estados Unidos” –discurso sofisticado que cuestiona la relevancia y particularidad de la asignatura. Es cierto que la historia de Panamá desborda la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos en antigüedad y cobertura, razón por la cual jamás planteamos anular la asignatura de Historia de Panamá como estudio integrado y totalizador. También sabemos que la historia de conquistas y colonizaciones, así como la historia de las independencias, liberaciones y revoluciones, tienen su origen en la historia antigua universal. No obstante, sostenemos la tesis de que la asignatura cuya recuperación hoy celebramos debe estudiarse en su contexto histórico de los imperialismos de última generación, entre Estados modernos de la época contemporánea, porque ellos contienen características propias que los distinguen de los demás. También argüimos que restarle valor a la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, con el argumento de no ser especial ni única, debido a la existencia de múltiples historias semejantes, anteriores y contemporáneas a la nuestra, esgrime un argumento filosóficamente débil, con un silogismo malabarista y desestructurado donde la premisa general anula a la particular, autodestructivo de la identidad nacional, que descalifica la propia historia y se erige en tesis anti pedagógica que elimina el aprendizaje significativo.

4. LECCIONES APRENDIDAS

Sin pretender encontrar recetas ni leyes universales en la historia, no cabe duda de que el estudio de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos permite realizar hallazgos relevantes que dan valor a las decisiones colectivas de nuestro pasado, que demuestran un potencial para guiar nuestra conducta presente y diseñar una ruta para el futuro. Me refiero a las siguientes lecciones aprendidas de esta historia específicamente:

  • Que un país pequeño puede vencer a un imperio, en la búsqueda de su soberanía nacional, con la combinación de diplomacia y movilización popular, especialmente cuando ésta es pacífica, como demuestra la historia del Canal de Panamá.
  • Que un puñado de individuos puede originar un proceso descolonizador de enormes consecuencias, cuando es generoso y con elevadas metas, como ocurrió el 9 de Enero de 1964.
  • Que de soberanía sí se come, contrariamente a quienes se oponían a la descolonización del Canal, como demuestra el crecimiento y desarrollo del conglomerado económico que genera el Canal de Panamá y sus puertos en la economía reciente de nuestro país.
  • Que la identificación y diseño de un proyecto nacional, coherente con la vocación histórica, no solo fortalece al Estado nacional, situándolo en el mundo en posición ventajosa, sino que genera cohesión nacional interna.
  • Que la asignatura de historia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, al constituirse como historia crítica genera, simultáneamente, identidad nacional que unifica al cuerpo social, mientras construye un pensamiento descolonizador y liberador hacia el cambio.
  • Finalmente, que la generación de un pensamiento crítico y argumentativo respecto al imperialismo, como ejercicio central de esta asignatura, debe orientarnos también hacia una fértil y renovadora autocrítica de las relaciones entre panameños, señalando procesos de colonialismo interno ante el siguiente dilema: ¿procuramos crecimiento económico o desarrollo humano?

Muchas gracias

La memoria histórica es parte de nuestra IDENTIDAD.

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