Panamá, un nacionalismo paradisíaco

20120526-131816.jpgJosé Ángel Garrido Pérez

Escribo esto con la humildad del lego, del curioso que se interesó mucho por un tema y que no puede evitar hacer comparaciones ni dar su opinión.  Por ello, ruego indulgencia y si alguien detecta imprecisión, no dude en señalarla, que la crítica no ofende.

  1. Algo de historia sobre el sistema financiero panameño

He seguido tan de cerca como he podido el reciente “conflicto” entre Colombia y Panamá debido a que aquel país puso temporalmente a este en su lista oficial de “paraísos fiscales”, en tanto que el gobierno panameño, en contrapartida, amenazó con medidas de retorsión.  No me detendré aquí a ahondar en los detalles de este desencuentro en el que las hábiles negociadoras de los dos países terminaron, al final, cada una proclamando victoria.  Aquí me concentraré en un enfoque ontológico que ha acompañado secularmente a nuestro país y que demuestra, con esta crisis, cuánta fragilidad puede provocar la dependencia tan profunda de ese enfoque profundamente arraigado en la psique de un sector de nuestra sociedad, el sector hegemónico, por cierto, más que de las actividades que se derivan de él.

40762_444090886835_684751835_5868694_7248747_n“Pro mundi beneficio” reza el lema de nuestro escudo de armas.  Los cultos próceres que lo concibieron representaban la tradición de servicio transitista que se arraigaba en la colonia, se afianzaba en nuestro periodo departamental y que finalmente, al cobijo de los cañones de los acorazados estadounidenses, daba a esa oligarquía la oportunidad de potenciar esa filosofía de acción y especulación, a partir de 1903.  País mediatizado por la intervención militar y diplomática de los Estados Unidos, también lo estaría por la intervención económica.  Panamá era una parte crucial de su “patio trasero” para fines geo-estratégicos y económicos.  Los negocios surgidos a golpe de pico, pala y cargas de dinamita en el corte Culebra atrajeron inversionistas desde el principio, y como Panamá era ya un país “independiente”, no tardaron los abogados, contadores y comerciantes en intuir que las leyes debían favorecer primordialmente dos cosas: la atracción de las inversiones extranjeras, sobre todo norteamericanas, y, más importante aún, la representación de esas inversiones por parte de agentes panameños.

Murales ciudad Pan_0004Como a principios de la república la economía de nuestro país debían ponerse a tono con las exigencias de las inevitables inversiones foráneas, el Estado trató de estimular la iniciativa empresarial poniendo bajísimos o casi nulos impuestos a las empresas, tanto de nacionales como extranjeras que se establecieran aquí.  Los legisladores se percataron de que el método más fácil y cómodo para ello era que lo hicieran a través de la formación de sociedades anónimas.  Dichas sociedades, si eran de capital extranjero, a cambio deberían registrarse como empresas panameñas, con juntas directivas compuestas por testaferros nacionales, y sus agentes residentes serían abogados locales.

Es por eso que la laxa legislación en materia de sociedades anónimas que tenemos en Panamá es tan antigua.  El Código de Comercio data de 1916, y sus disposiciones sobre sociedades anónimas, si bien interrumpieron su vigencia en 1927 (justamente por la necesidad que tuvo entonces el Estado de allegar ingresos a través de impuestos), se restablecieron parcialmente en 1946, año desde el cual han gozado de amplia estabilidad hasta el presente.  Ello no es casual, pues para entonces las condiciones de la economía habían afianzado su esencia terciaria y se proyectaba la fundación de la Zona Libre de Colón, lo cual requería de la antigua laxitud fiscal para atraer las inversiones.  Dicha ventaja legal y fiscal para las inversiones extranjeras a las que se consideraba como panameñas si cumplían con los sencillos requisitos arriba mencionados se perfeccionó y profundizó aún más en la década de 1970, cuando se estableció el mundialmente conocido Centro Bancario Internacional de Panamá.

El establecimiento del Centro Bancario no tomó desprevenido a los agentes residentes panameños, ni tampoco a los contadores ni corredores.  La ley estaba a su medida y la experiencia en administrarla y aprovechar sus ventajas ya se remontaba a varios decenios, además de que la tradición, como hemos visto, era más que antigua.  Panamá se convirtió en un país que registraba legalmente sociedades anónimas ficticias con cientos de millones en capital, los bancos se apresuraron a ubicar sedes y sucursales en nuestro país con representantes legales panameños lo mismo que cientos y cientos de compañías y empresas establecidas para negocios “off shore” o transacciones internacionales y que buscaban refugio en nuestra cómoda legislación para ahorrar dinero en impuestos en sus países de origen y guardaban sus fondos en los bancos que competían en nuestro país para atraer sus depósitos y operaciones ordinarias.  Como además de la legislación tan favorable el Centro Bancario de Panamá gozaba de reputación por su secreto absoluto, muchísimos bienes de dictadores africanos, asiáticos y latinoamericanos, así como de delincuentes internacionales se registraban en cuentas cifradas y por medio de sociedades anónimas que se prestaban para ello a través de residentes del patio.  Los bienes mal habidos se mezclaban con los de personas y empresas “honorables” que aprovechaban igualmente las ventajas fiscales de Panamá, y aún hoy podemos ver por nuestras calles personajes sindicados en sus países de origen por delitos de corrupción, como Abdallah Bucaram, ex presidente ecuatoriano; Jorge Serrano Elías, ex presidente de Guatemala, y Raoul Cedras, ex mandatario haitiano.

  1. La actualidad del negocio financiero en Panamá

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación este rol jugado por nuestro sistema fiscal y financiero se ha afianzado profundamente al tiempo que empezó a verse una restructuración de nuestra economía que expresa dicho afianzamiento.  Mantenernos competitivos ha significado que la mayor parte del capital industrial que poseían los empresarios nacionales se haya trocado en capital financiero, mientras que inversionistas extranjeros ansiosos de aprovechar las ventajas fiscales del país como puente y/o pantalla para otras inversiones han comprado las industrias nacionales, como es el caso de las empresas cerveceras, de cemento, de galletas, tiendas de ropa y muchas otras.

6-10De este modo, los antiguos agentes residentes panameños se han convertido en financistas y especuladores al mejor estilo de la “City” de Londres.  Son dueños o accionistas de bancos y realizan negocios “off shore” en todos los rincones del planeta, pues Panamá no es el único sitio en el mundo donde también se presenta amplia laxitud en materia fiscal.  Es por eso que es tan crucial para ellos disputar y ganar el poder político en nuestro país, de manera que el peso de los impuestos para sostener al Estado siga recayendo en las capas medias nacidas y crecidas al calor de los negocios financieros, y pese también sobre los agricultores y empresarios medios, mientras que ellos realizan negocios que están fuera del alcance de tales imposiciones y se siguen promoviendo ya no solo como agentes de inversores y depositantes extranjeros, sino como banqueros y financistas que administran esos dineros, no importa su origen.  De hecho, como se diría en España, se trata de una “casta” que con frecuencia se pone de acuerdo: no olvidemos el caso del reconocido financista Alberto Vallarino, miembro connotado del Partido Arnulfista, quien logró que se aprobara una ley especial para la venta del panameño Banco del Istmo al HSBC, de China, para que solo se le pagara una ínfima fracción de los alrededor de 200 millones de dólares que tal transacción implicaba en impuestos.  Ello ocurrió siendo presidente Ernesto Pérez Balladares (1994-1999) y siendo Benjamín Colamarco director de Ingresos, ambos del partido contrario a los arnulfistas, el PRD.  Y ese es solo uno de los muchos ejemplos que hay de que los miembros de esta “casta” no vacilan en ponerse de acuerdo cuando hay de por medio un pingüe negocio.

Como dije, no soy financista.  Pero creo que cae de su peso, incluso para el lego, reconocer lo que somos.  De hecho, una página web que ustedes pueden consultar:http://www.panamaoffshoreprivacy.com/es/ipor-que-es-panama-offshore.html, promueve a Panamá internacionalmente como 100% paraíso fiscal.  Explica con tanto detalle por qué, que no hace falta sino comparar lo que se dice en ella con la legislación y la naturaleza de los negocios que se realizan en el país para percatarnos de que lo somos.  De hecho, la página hace una lista de nada menos que 14 impuestos que las empresas “off shore no pagan en nuestro país.”  De modo que, con todo respeto, afirmar que Panamá no es paraíso fiscal con el expediente de la territorialidad de nuestra legislación societaria e impositiva, quizás sea válido formalmente de acuerdo con nuestras leyes, pero no soporta el peso de una crítica objetiva.

“De modo que, con todo respeto, afirmar que Panamá no es paraíso fiscal con el expediente de la territorialidad de nuestra legislación societaria e impositiva, quizás sea válido formalmente de acuerdo con nuestras leyes, pero no soporta el peso de una crítica objetiva.”

  1. La realidad de lo que somos y el caso colombiano

Habiendo reconocido la realidad, y estimadas las circunstancias de la historia de nuestra economía que la han propiciado, no podemos dejar de mencionar que existe, en el fondo, una profunda discrepancia entre el capitalismo centralista de los países que reclaman el pago de impuestos frente al capitalismo financiero de aquellas empresas que lo reivindican y que tienen el poder del Estado en países clave para sostener sus pretensiones Wall_Streethegemónicas. Delawere y Las Vegas son paraísos fiscales nada menos que bajo la protección de los Estados Unidos; Anguila, Islas Vírgenes Británicas, las Caymán y la isla de Jersey, además de muchas otras, están bajo la protección de Su Majestad Británica; Honk Kong goza del ala protectora de la poderosa China; Chipre, Andorra, Liechstenstein están en la Unión europea, y Mónaco es protegida por Francia y esta por Europa…  Son muchísimos los paraísos fiscales alrededor del mundo y Panamá compite con ellos.  En cambio, países como Chile, Argentina, Brasil, Ecuador y hasta hace poco España y Colombia decidieron poner a Panamá en sus listas de paraísos fiscales.  En esos países, el pago de los impuestos por parte de las empresas es perseguido y codiciado para responder a las necesidades del Estado.  Si los capitales que se generan en esos países se mudan a otros para no pagar impuestos en sus países de origen y luego regresan de algún modo para reinvertirse en nombre de una empresa registrada en el extranjero con las ventajas fiscales que se suelen legislar para estimular la inversión foránea, ocurre que el inversionista original tendrá negocios muy lucrativos en ambos países con un pago mínimo de impuestos.  Panamá ha soportado muy bien que Ecuador y Argentina, por ejemplo, la tengan en sus respectivas listas de paraísos fiscales, pues el volumen del comercio con esos países no es muy importante; en cambio, al sistema financiero de Panamá le iba muy duro que Colombia lo pusiera en esa lista, con todo lo que ello implica, pues Colombia es el principal inversor extranjero en Panamá (unos 7 mil millones de dólares) y el principal destino de las inversiones de empresas panameñas (unos 10 000 millones), lo cual no solo puso en alerta roja a los financistas panameños, sino sobre todo a los inversores colombianos, a pesar de que el gobierno de Juan Manuel Santos, para tranquilizarlos, levantó la consideración de “paraíso fiscal” a algunos dominios británicos, como la isla de Anguila, tal vez como una vía de escape para que las inversiones colombianas se fueran a paraísos fiscales bajo el dominio de una de las potencias de la OCDE, entidad a la que Colombia desea ingresar (v. http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/7993-%C2%BFqu%C3%A9-es-un-para%C3%ADso-fiscal%2c-%C2%BFy-por-qu%C3%A9-panam%C3%A1.html).

De este modo, el plazo de un año acordado por las Cancillerías colombiana y panameña para llegar a un acuerdo sobre doble tributación e información financiera en modo alguno deja a Panamá en ventaja; solo da tiempo a los inversores colombianos para que “pongan sus cosas en orden” y decidan quedarse en Panamá, si los panameños aceptan someterse a un tratado de información y doble tributación según estipula la OCDE, o se marchen a otro paraíso fiscal de un país aceptado para ello por el gobierno colombiano que ya pertenezca a la OCDE, como alguno de los dominios de la Gran Bretaña, por ejemplo.

  1. Perspectivas para el sistema financiero de Panamá y para el futuro de su pueblo

Me atrevo a pensar que tal perspectiva significa el principio del fin del sistema financiero panameño, pues el ejemplo colombiano podría ser seguido por otros capitales que busquen mayor estabilidad.  Su reducción o cierre provocaría una tremenda depresión en nuestra economía, pues los agentes residentes y las profesiones liberales creadas para satisfacer las necesidades del sistema verían muy mermadas sus operaciones, los empleos de alta y media calificación se reducirían y con ello el pago de impuestos, cosa a la que, como siempre, escaparían las grandes fortunas de los financistas nacionales, que se irían para otro lado.  Panamá no está bajo el ala de una gran potencia para que proteja sus DSC00934intereses.  De hecho, aquí no se aplica eso de que estamos “bajo el paraguas del Pentágono”, pues los propios Estados Unidos son competencia.  Ello obligaría a Panamá a realizar un lento y arduo proceso de reconversión de su economía, sobrevendría, como es de esperarse, crisis, inestabilidad del sistema económico, depresión, ansiedad, reducciones presupuestarias y amplias posibilidades para un cambio profundo del conformismo e incluso nihilismo al que un gran sector de la sociedad se ha acostumbrado para medrar a la sombra de una prosperidad sostenida sobre bases tan endebles.

Y aquí regreso al punto del “nacionalismo paradisíaco.”  Si hay algún sentido de responsabilidad nacional por parte del Gobierno panameño, quizás debería optar por poner a sus economistas y financistas a analizar lo que depara el futuro a Panamá como país si no toman providencias.  No es mi modo de pensar el de los capitalistas, pero tal vez el pragmatismo haya hecho sonar para ellos la hora de la diversificación de los orígenes de las inversiones en Panamá y de los destinos de las inversiones hechas desde aquí.  Eso hasta que otros países obliguen al nuestro a firmar tratados de información financiera según dispone la OCDE.  Quizás así los financistas panameños ganen algo de tiempo hasta que ocurra lo inevitable y seamos absorbidos por un bloque internacional dominado por las grandes potencias financieras.

Pero como no soy teórico del capitalismo no tengo inconveniente en afirmar que esto no es demostración de ningún nacionalismo ni de principio soberanista alguno.  Eso solo nos sustrae de la dependencia de unos para caer en manos de otros que a su vez pueden desecharnos conforme otras alternativas les parezcan más convenientes.  No puedo imaginar a Panamá como un paria entre las naciones cuya identidad política y económica estará donde estén quienes les dicten las pautas y el ritmo para ello.  9 de enero 64En nada se parece el “nacionalismo” que defiende a ultranza a Panamá como paraíso fiscal al nacionalismo que tan románticamente enardeció al pueblo en 1947, 1958 y 1964 y que fue el que hizo posible la recuperación del Canal.  Solo imaginar la comparación resulta vulgar.  No es necesario que les recuerde que las guerras entre los países, sobre todo los de alto nivel económico y financiero, han surgido, y aún surgen, por la competencia entre intereses económicos, cada vez más transnacionales, de unas minorías que han demostrado que carecen de ese sublime sentimiento, pero que recurren a todos los medios que poseen y monopolizan para exacerbar, incluso, su lado más infame y oscuro, como la discriminación, el chauvinismo, la xenofobia…

¡“Pro mundi beneficio”, sí, pero en todo aquello que signifique la solidaridad entre los pueblos y no los beneficios de unos pocos y la alienación de los muchos!

No suelo hacerlo muy a menudo, pero dedico este artículo a mi hija Sarita, que estudia Periodismo y que me pidió que la aconsejara sobre cómo escribir un “paper” sobre algo que pasara en Panamá y le sugerí este tema.  Espero de corazón que le sirva.

Panamá, 23 de octubre de 2014.

José Ángel Garrido Pérez
Especialista en Lengua y Literatura EspañolaCOMUNÍCALO BIEN
SERVICIOS LINGÜÍSTICOS
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ASESORÍA, CORRECCIÓN Y ESTILO, PERITAJE
CURSOS Y SEMINARIOS
comunicalobien@outlook.es

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