El evangelio según San Nicolás

 
lunes 30 de junio de 2014 

Entender la degradación del proceso bolivariano en Venezuela es comprneder la conversión del Socialismo del Siglo XXI en religión tras la muerte de Hugo Chávez. “Maduro es el chavismo como Luis XVI era el estado. Quien no esté de acuerdo no es chavista”, nos cuenta Modesto Anastasio, incisivo analista que conoce en profundidad las goteras del oficialismo venezolano.

Por Modesto Anastasio

Hace ya quince meses que se murió Hugo Chávez. Bueno, que Chávez fue sembrado porque dicen en Venezuela que no murió sino que trascendió espiritualmente más allá del sarcófago del que, esperan, algún día salga para irse a compartir reposo en el Panteón Nacional con Bolívar. Mientras llega y no ese día, la palabra y obra de Chávez ya es sacra y no faltan quienes la interpretan, la escrudiñan y la utilizan. Sacerdotes modernos vestidos de rojo –cada vez menos- que monopolizan el entendimiento de la parábola del Socialismo del Siglo XXI. Naturalmente, su hijo –como se llama él mismo, el hijo, digo-, es su intermediario y el validador de lo que es el chavismo. En Venezuela hay una nueva religión política que convierte en mito todo lo que entra por los sentidos, incluso lo que se ve y se toca. Como en toda creencia espiritual o espiritista hay una jerarquía, pecados, castigos, milagros y hasta profecías. El miedo es la argamasa que ampara comportamientos y el verbo la razón que explica la realidad con un examen que no aguanta el más mínimo filtro de racionalidad.

A Venezuela se le acaba el Socialismo Bolivariano, o lo que quedaba de él. Chávez lo fue moldeando de acuerdo a coyunturas y conveniencias para irlo transformando en una suerte de catálogo de intenciones y tareas que acometer. En sus manos se fue volviendo un mensaje inorgánico y se redujo con el paso de los años a una estructuración más y más limitada y atada al Palacio de MirafloresColectivos y bases reclamaron un empoderamiento social del proyecto bolivariano que no terminó de ejercer porque nunca estuvo previsto que lo hiciera, pero creían que Chávez era mucho mejor que todo lo demás. Ahora el socialismo lo dilapida Maduro convertido en Sumo Pontífice de un proceso que no encuentra caminos a ninguna parte porque hace tiempo que no camina. Pasó de ser un movimiento popular a una feria de pueblo con regalos cada fin de semana. Convirtieron los programas sociales en fondos manejados por la curia del chavismo de la forma en que las iglesias manejan sus cosas: por la gracia de Dios. La falta de resultados no se puede esconder más, pero las explicaciones divinas e irracionales para ello proliferan como los hongos en la humedad.

El proceso bolivariano ‘oficial’ hace tiempo que se disfraza de coartadas y mentiras para justificar ineficiencias, incapacidades, corruptelas y desmanes. Desde el púlpito, el Papa profiere argumentos morales y divinos. Discurso exaltado para convencer de la seriedad de lo dicho y un mensaje dominado por la histeria en defensa de un proceso siempre bajo acoso, conspiración y planes del imperialismo son la breve receta para convencer a la feligresía de que las denuncias lanzadas sin más prueba que la fe de quienes escuchan son tan ciertas como la rotación solar. Los antecedentes de los posibles culpables, una oposición sin credenciales democráticas y el hostigamiento de la derecha internacional son el combustible que reclama el hinojo. Da igual si lo han hecho o no, son culpables por defecto.
La realidad es mucho más cruda que la fantasía televisiva del Canal 8 venezolano, convertido en una alcantarilla de propaganda que asfixia al sentido común chavista. Mientras en los medios del Estado se defiende el modelo de socialismo popular de un presidente que ofrece dádivas como Santa Claus regala en Navidad, las catacumbas del templo mayor se llenan de inversores y banqueros americanospara trasladarse del Banco Central de Venezuela a PDVSA, convertida de nuevo en ministerio de todo, y ver power points y explicaciones sobre las bondades de invertir en Venezuela.

Los pronósticos son buenos, los bancos de inversiones celebran cambios en el gabinete de Maduro y las perspectivas para la economía venezolana son benévolamente tratadas en los mercados internacionales. Mientras tanto el Gobierno trata de convencer a todo el mundo de que las más de una docena de denuncias de planes de magnicidio, golpe y desestabilización en poco más de un año, a cual más histérica, son tan reales como la falta de azúcar, de pollo o de arroz en los supermercados. Da igual, tienen el monopolio de la bondad, del amor, como dicen. Son los representantes de un modelo político hoy reducido a 30 segundos de anuncio televisivo. Entre Goebbels y San Mateo, tratan de convencer de que la realidad está en la palabra, y la palabra es la única realidad. Como todos los sacerdotes los que llevan la palabra son los primeros acólitos y ya les resulta imposible distinguir donde comienza el discurso y donde se quedó la realidad.

Hace cuatro meses unos estudiantes salieron en varias universidades del país a protestar por la inseguridad. El karma de un país donde miles de personas mueren cada año (no voy a entrar a decir si son 10 o 15 o 20.000 los asesinado) llevó a unos cuantos estudiantes antichavistas a ir contra la casa del gobernador en Táchira y la apedrearon. Se llevaron a cinco a una cárcel de máxima seguridad en Coro y se encendió la mecha. El 12 de febrero los estudiantes y una panda de vampiros disfrazados de políticos marcharon por Caracas por motivos comunes y distintos y la tragedia metió a Venezuela en un sendero negro del que apenas empieza a salir.Niños de papá jugando a tumbar gobiernos en la plaza Altamira quemando basura; acusaciones de terrorismo por parte de Maduro contra muchachos que reivindican con piedras y cócteles molotov un país mejor para ellos; violaciones de derechos humanos por parte de unos cuerpos de seguridad completamente podridos en cuerpo y espíritu y hoy defendidos por su utilidad por parte del Gobierno. El aliento cuelga de los labios de un país arrastrado por la irresponsabilidad de sus políticos a un agujero, el que conduce a sus madrigueras.

El sacerdote compara a quienes protestan en Brasil contra el delirante gasto del Mundial de fútbol con quienes reclaman el final del mandato de Maduro. Dicen que Venezuela y Ucrania son lo mismo porque hay una lucha del imperialismo –el diablo- por derrocarlo, pero en plena denuncia de golpe de Estado le piden a la gente que se vaya de carnaval cuatro días para no hacerle el juego a los golpistas. La inflación era delirante hace más de un año y medio sin “guerra económica” y sigue siéndolo hoy con “guerra económica”. La “guerra económica” está en todas partes, pero nadie la ve, es la maldad. Los culpables son los empresarios del país, luego el clero chavista se reúne con ellos y elogian la buena marcha de las conversaciones para sacar al país del atolladero, pero la guerra económica sigue… se ha convertido en un ser de ultratumba, oscuro que obra por cuenta propia contra Venezuela. Todo es culpa de otros, de quienes tratan de desestabilizar al Gobierno, de quienes tratan de acabar con Maduro, de quienes conspiran contra Venezuela.

Crítica o lealtad

Un día sale uno de los monjes, de hecho “el monje”, Jorge Giordani, y dice que no hay guerra. El hombre que denunció siendo ministro hace más de un año que a Venezuela le robaron más de 20.000 millones de dólares en operaciones de empresas fantasmas en 2012 (Sí, 20.000 millones de dólares, la mitad del dinero que ha dejado a España ante una crisis de la que se tardará en recuperar dios sabe cuántas generaciones) afirma que Maduro no quiso atender los problemas económicos cuando era urgente hacerlo, que le mandó informes y no le respondió. Asegura que el chavismo rompió la economía del país para perpetuarse en las elecciones del 2012 y reelegir a Chávez y que la política de gasto del Gobierno, sin planificación ni presupuesto es un sinsentido. Giordani no es un derechista, Giordani estuvo con Chávez durante años siendo partícipe de todo lo bueno y lo malo. El Papa dicta sentencia:excomunión para el traidor, traidor a la palabra de Chávez. Izquierdista tranochado, le llama.

Héctor Navarro fue ministro de Educación de Chávez y de otras cosas; dirigente del chavismo, fundador del PSUV, miembro de la curia. Navarro no es inocente, un día siendo ministro de Electricidad –esos ministerios existen en Venezuela- denunció que la empresa eléctrica Corpoelec, de la que era presidente, le había cortado la luz por una factura falsa que le habían tratado de colar…. El ministro descubrió la corrupción antes de que el Gobierno comenzara a denunciar la guerra eléctrica, una suerte de complot para desestabilizar a Maduro. Es igual, Maduro denuncia planes de “guerra eléctrica”, planes contra el tendido eléctrico para desestabilizar un país donde el racionamiento y los cortes de electricidad son el pan de cada día de millones de personas…. La inteligencia flaquea, la crisis eléctrica comenzó a horadar de manera severa la popularidad de Chávez en 2010 con una crisis para la que el país sigue encontrando soluciones en forma de parches.

Navarro se quedó sin luz el otro día. Preguntó por qué se llamó traidor a Giordani y no se responde sobre quién robó 20.000 millones de dólares. En un país donde para comprar un paquete de chicles en un supermercado se debe dejar el teléfono y el número de carnet de identidad, se robó más de la tercera parte de las divisas que necesita la economía y no hay un solo responsable… Navarro fue expulsado del templo, ya es un traidor también.

Luego otros muchos dicen que el diálogo de unidad y lealtad sin condiciones es la coartada que irreversiblemente ha llevado a cada proceso revolucionario por el camino de la autonegación. Los sacerdotes reclaman lo que cualquier iglesia: obediencia.
“En vez de agarrar y toda su energía, para criticar a la derecha, entonces critican al compañero presidente Nicolás Maduro. Eso no es leal vale. Eso no es de compañerismo. Eso no es de humanismo. ¿Y saben detrás de qué cosa esconden eso?: de la crítica ¿Acaso la crítica es más importante que la lealtad? ¿La crítica es más importante que el humanismo? ¿La crítica es más importante que el compañerismo? Bueno, yo creo que no”, dice el cardenal Diosdado Cabello.

Al chavismo se le acaba el tiempo, camina hacia un congreso que se va transformando en un concilio antes de llegar y que el Gobierno, una cúpula que nadie eligió en las bases, trata de controlar para apoderarse de la palabra del profeta. Le dicen a los seguidores que sólo se elegirá un presidente (un Papa), Maduro, y que los demás cargos se escogerán más adelante y ya preparan a los delegados para que sean consecuentes y obsecuentes con un poder que sigue viendo a todos como un producto clientelar de usar y tirar. No se aceptarán divisiones, ni fracciones. El chavismo es único y se encarna en la direcciónMaduro es el chavismo como Luis XVI era el estado. Quien no esté de acuerdo no es chavista.

Es un rey desnudo pero todos en la corte jalean al monarca chavista devenido en evangelista de la palabra de Chávez. Se siente ungido, él es el hijo de Chávez, dice. Él es el hijo de Chávez, repite. No se equivoca, está en lo cierto. Y quien no está de acuerdo está contra Chávez. Él y otros como él y un montón de militares se encargaron de dar estabilidad al chavismo más allá de Chávez.Maduro y un montón de militares convirtieron al chavismo en un credo pagano que camina hacia un concilio en forma de Congreso.

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