Mismo palo, distintos pericos

Kevin Harrington-Shelton

“Confiamos en el sistema; no tenemos tiempo para verificar si es un narcotraficante o estafador…”

— Lcdo. José Raúl Mulino

Aunque además contribuye al entendimiento en Washington de los verdaderos dueños del circo, desde que quedó atrapado en un ascensor durante un terremoto en su viaje “privado” al centro de abanderamiento de naves en Tokio, nuestro irrenunciable ministro de Seguridad continúa iluminándonos acerca de lo que otros politiqueros piensan sobre nuestra democracia. La bandada que hoy se acomoda tan ruidosamente en las ramas frondosas del Palacio Legislativo confirma que “el sistema” en que tantos confían, tiene más que ver con el enriquecimiento ilegítimo de los políticos, que en forjar aquella democracia indispensable hacia un desarrollo integral del panameño.

Pruebas al canto.

La periquera sobre “La Gobernabilidad” tiene más que ver con la repartición de los panes en la Asamblea, que en enfocar el escándalo de las partidas circuitales dentro del marco artículo constitucional vigente (255:3), el que supone que los representantes de corregimiento (quienes conocen las necesidades locales) asignen prioridades para las inversiones públicas en sus provincias — sin alpiste. El Partido Revolucionario Democrático, que se dice imbuido del torrijismo encarnado en la actual Constitución militarista, hace más ruido acerca de quién ocupará primero la faraónica presidencia de la Asamblea. Ningún diputado del Interior ha roto filas –en 42 años– sobre la corrupción de ese puntal constitucional tan vital para sus comunidades.

Ningún diputado ha aceptado la invitación del Dr. Miguel Antonio Bernal, de anunciar en su programa radial cuál de los abusos del Tesoro que “legalizaron” sus antecesores propondrían ahora corregir. Ni los nuevos, ni los otros. Ni la “independiente” Dra. Ana Matilde Gómez, ni el Lcdo. Elías Castillo, quien repite en el puesto por quinta vez, en un sistema del que evidentemente aprueba. Y menos don Leandro Ávila, aspirante al Trono de Chello. A todos les parece muy bien que, mientras en Londres al parlamentario se le paga 3 veces lo que gana el asalariado promedio inglés, aquí ese múltiplo es de 14.

Sin contar los ya-clásicos “muertos y heridos”. Los otros tan sólo se pueden intuir, en una Asamblea que hace poco aprobó una rebaja de impuestos sólo a un determinado grupo de casinos — sin que ninguno de sus loros dijera pío. Menos dijo en aquella ocasión el honorable diputado re-electo José Luís Varela –ex-presidente de la Asamblea y hermano del presidente-entrante. Ni tampoco ahora, pese a que la semana pasada manifestara que él sabía que “otros” sí compraban votos –pero no denunció a ninguno, aunque precisamente para eso es la inmunidad parlamentaria, propiamente entendida. Porque Don Poppy opina que las leyes se aplican a los demás (particularmente sobre la reserva del sumario). ¿Será esta omertá la tónica de un gobierno entrante, que fuera parte de la alianza saliente? Después de todo, el presidente Ricardo Martinelli tendría (muy) especial cuidado en recoger las firmas de los hermanos Varela en varias de sus medidas más cuestionadas (tales como la flexibilización de aranceles que engatilló la actual inflación, y la de los re-avalúos catastrales, por ahora “suspendidos”).

Ahora que finalmente la bandada de pericos entona en unísono el canto de sirena de una Constituyente, cabe recordar que la última vez que el Partido Popular orientó a los Panameñistas hacia “un cambio para que nada cambie”, sus cantalantes Don Milton Henríquez, Guillermo Cochez y Raúl Ossa, lograron DUPLICAR la cantidad de carros que podrían importar/vender libre de impuestos –¡privilegio único en el mundo!– sus propios suplentes, para atender así sus reclamaciones sobre una patente desigualdad de ingresos entre principales y suplentes. “Espíritu de cuerpo” que le llaman….

Nuestros otros sistemas de control tampoco funcionan. Para no alborotar a la periquera, lo que en Panamá pasa por periodismo prefiere callar (y otorgar…) ante una realidad que conoce demasiado bien. Y, entre sus temas-tabú está, no sólo el silencio de todos los partidos acerca del incumplimiento del ministro y administrador del Canal de su obligación de rendir cuentas sobre la Ampliación del Canal, sino también el descaro de tantas prebendas injustificables que se auto-otorgan nuestros Padres de la Patria. “Es de mala educación, hablar con la boca llena” — prefieren darle largas al asunto, para que se olvide.

Quienes comemos 3 veces al día tenemos una obligación con quienes no comen, y la mejor forma de cumplirla es perseverando en la promoción de un Estado de derecho que funcione como debe — y que no promueva las causas de su propia destrucción.

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