De cómo conguear a un país: Paco Gómez Nadal

Publicado en La Prensa del 04/02/2014 –

¿A uno lo conguean o se deja conguear? ¿Es el congueador el hábil estafador de la humanidad, o es la humanidad una masa inerme incapaz de detectar la mentira y el abuso?

Yo sé que no suenan a reflexiones de filósofo alemán, pero es que lo de la relación Martinelli-Panamá es de psiquiatra o de opereta con poca gracia. El último (y previsible) giro del aún presidente-empresario del país ha sido colocar a su socia marital en la cúspide del futuro poder. Para nadie es un secreto en el país que el matrimonio Martinelli-Arias es una sociedad de intereses al que, mucho más que el amor, lo unen los negocios. Panamá es uno más.

El dueño de los súpers debía tener todo bien planeado, como lo tenía en esta legislatura con la Alcaldía de Panamá. En ese caso, el de la Alcaldía, le fallaron los cálculos, porque Bosco Vallarino aguantó el acoso más de lo previsible, y Roxana Méndez, el caballo de Troya del voraz martinellismo disfrazado de dulce dama benefactora, tardó en ser la alcaldesa que estaba prevista a ser.

Me temo que el genio del congueo ha pensado mejor la jugada en el caso de la presidencia del Gobierno. José Domingo Arias debería ser más disciplinado. Encumbrado por Martinelli a una posición que jamás habría soñado –¿él, candidato a presidente de la República?– deberá saber dar un paso atrás para que la única dama (la primerísima) ejerza el papel para el que se ha preparado.

Panamá vuelve a ser congueada después de cuatro años de estafa, mentiras, excesos verbales y corrupción sin límite.

Mientras, el país juega a que todo es normal, a que tiene institucionalidad, a que no pasa nada. Los medios de comunicación informan –como si fuera así– que el Tribunal Electoral ha cerrado la papeleta presidencial. Una papeleta en la que sobran seis nombres que solo legitiman una pluralidad en realidad inexistente.

En mayo se enfrentarán las élites del país en un torneo electoral en el que el electorado solo es decoración necesaria. Para ser más concretos, se enfrentan los socios de siempre para repartirse el poder.

Varela juega a ser un candidato limpio y puro cuando ha sido cómplice de las principales políticas del gobierno Martinelli y de la estructura podrida que sostiene su poder. Isabel De Saint Malo aparece como la ejecutiva educada, y bendecida por Naciones Unidas, que hará política sin política (el eufemismo de moda en la política). De Saint Malo, al igual que el cabeza de su nómina, ha sido la facilitadora de la mayoría de los acuerdos incumplidos entre la sociedad civil y el poder; esos acuerdos que han servido para desmovilizar todas las expresiones populares de descontento y que, a fin de cuentas, fueron congueadas monumentales a un país al que le cuesta rebelarse y que siempre está ansioso de convivir en paz. Ambos, avalados por un partido casi inexistente (el Partido Popular) y en nombre de una alianza que usurpa el nombre del pueblo para conguear al pueblo.

No hay mucho más. El PRD se presenta a las elecciones en silencio, lo cual es muy curioso y alimenta los rumores de pacto en las cumbres, la embajada del imperio aguarda el momento de intervenir (como cuando selló el pacto Martinelli-Varela en las pasadas elecciones), las multinacionales que aprovechan el caos institucional del país siguen llenando sus cuentas a punta de sobrecostos y coimas variadas, y los verdaderos problemas del país siguen esperando que esta élite bulímica (endogámica y egoísta, además) deje espacio para que la honestidad y la política de verdad entren al Palacio de las Garzas y a la pétrea Asamblea Nacional.

La realidad política del país es esta y hay que verla con claridad para dibujar un futuro en el que estos seres estén excluidos de la vida pública. Mientras, es el pueblo panameño el que decide si sigue dejándose conguear, engañar, coimear con migajas, o si vuelve a sacar la dignidad de paseo y vuelve la espalda a los piratas del poder. Nos quedan unos meses más de agonía.

PACO GÓMEZ NADAL

paco@prensa.com

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