¿Ejercicio presupuestario o la búsqueda del interés político?

El presupuesto nacional, cuando se realiza sobre bases objetivas y científicas, constituye una herramienta indispensable para la utilización eficiente y eficaz de los recursos, siempre limitados, con que cuenta el Estado para promover el desarrollo económico y social. Sin embargo, cuando el mismo se convierte en un ejercicio sostenido sobre quimeras, ambiciones políticas y deseos de acumulación, no puede hacer otra cosa que causarle serios problemas a la población. Las recientes declaraciones del actual ministro de Economía y Finanzas parecen, infortunadamente, apuntar en esta dirección.

Para evidenciar esto último se debe, en primer lugar, recordar que el presupuesto del presente año terminó por mostrar un desfinanciamiento de no menos de $400.0 millones, el cual se pretendió revertir vendiendo importantes activos del Estado, tales como las acciones de las empresas mixtas que constituye patrimonio público. En segundo lugar, se debe también tener en cuenta, que la pretensión de la actual administración es elevarlo en el año 2013 en cerca del 13.0% en relación al 2012. ¿De dónde saldrán los 1800 millones de dólares adicionales de ingresos que esto significa?

Si se tiene en cuenta el contexto internacional, signado cada vez más por la crisis europea, la desaceleración china y la tendencia al estancamiento norteamericano, resulta poco probable que todo el financiamiento adicional pueda provenir de la expansión económica real. Mas todavía, si se supone una inflación de más del 5.0% anual (lo que sería un serio problema para la población), así como una total inmunidad frente a las corrientes recesivas internacionales, que permitieran un crecimiento real similar al previsto por el FMI y la CEPAL para este año, el presupuesto aprobado por el Gabinete presentaría un hueco financiero que duplicaría al del año pasado. Esto, vale la pena anotar, implicaría movilizar nueva deuda pública por cerca de un 13.0% más que el año anterior, así como la venta de activos públicos por no menos de $750.0 millones. A esto se agrega que la población enfrenta, a nuestro juicio, el peligro de un nuevo incremento de impuestos. Esta realidad, claro está, se puede ocultar haciendo uso del recurso de maquillar las cifras de los ingresos previstos, con el fin de ofrecer una visión idílica, aun cuando irreal, del próximo presupuesto.

La difícil situación que muestran las finanzas públicas puede ser explicada por un conjunto de causas. Más allá de la manifiesta incapacidad de quienes encabezan la cartera de Economía y Finanzas, se destaca el hecho de que la actual administración, junto con quienes hasta hace poco fueron sus aliados, generaron un conjunto de rigideces y fuerzas inerciales sobre el gasto público. Pese a esto, la causa principal reside en lo que a partir de Michal Kalecki (1943) se conoce como el ciclo político. De acuerdo a esta hipótesis se puede observar que quienes detentan el poder intentan, en épocas cercanas a las elecciones, elevar el gasto público con el objetivo de utilizarlo para asegurar su continuidad al frente del aparato gubernamental. La ciudadanía responsablemente debe resistir esta tendencia.

Juan Jované.

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