¿Por qué?

En las últimas semanas, muchas personas me han preguntado lo mismo, entre confundidos y asombrados: “¿Por qué le van a dar casi nueve millones de dólares al Vaticano por el terreno que ocupa la nunciatura? ¿No es terreno del Estado panameño?”.

Otros van más allá y, con enojo y sana crítica, han dicho: “¿Por qué hay que pagarle a un Estado extranjero para construir la casa de su embajador? ¿Por qué no se invierte ese dinero en otra cosa? ¿No es injusto?”.

Incluso un sacerdote me propuso: “¿Por qué no hacemos una carta al Nuncio o al Papa y le decimos que no estamos de acuerdo con esto?” ¿Y quién firmaría la carta?, le pregunté. “Por lo menos unos veinte curas lo haríamos”, me dijo.

Me he sentido avergonzado ante estas preguntas y más avergonzado aún porque no he hecho nada al respecto y no sé qué responder. Bueno, sí sé, pero no quiero tirar más piedras a “mi techo”. Sin embargo, porque creo que hay mucha gente buena escandalizada, porque quiero a mi Iglesia, porque creo que hay mucho de la resurrección de Jesús en Ella, por eso creo que no puedo callar.

Entre tanto escándalo ‘lavítola’, coimas escondidas, tierras comunales regaladas, islas vendidas, insultos gratuitos, ‘saltos’ pagados, destrucción del ambiente, etc, sin olvidar los asesinatos de indígenas en Changuinola, San Félix y demás desastres del gobierno, este asunto puede parecer minucia o puede quedar ‘sepultado’. A pesar de ello, vale la pena no callar.

Pregunto: ¿Con base en qué razones, cuentas raras, deseos escondidos, favores callados, intenciones ocultas o quién sabe qué, se hace esta “donación” de casi nueve millones? ¿Y además le van a donar un terreno en Albrook? ¿Cuánto vale ese terreno? ¿Se ha aceptado esta donación? ¿Qué argumentos (si los hubiera) tendría el Vaticano para aceptar tamaña inmoralidad?

Es cierto que la jerarquía de la Iglesia Católica y muchos cristianos ‘de a pie’ hemos tenido una posición clara y enérgica en los últimos acontecimientos que afectaron y afectan a los pueblos originarios de Panamá. Creo que se ha actuado conforme al Evangelio y eso es bueno, loable y hay que reconocerlo.

Pero, en este caso: ¿Por qué no se ha dicho nada? ¿Por qué se acepta (si es que se acepta) este dinero del pueblo por un pago innecesario y sin embargo no se cuestiona el alza criminal de los alimentos? ¿Por qué no se exige por lo menos claridad en todos los escándalos que desfilan a diario ante nuestros ojos? ¿Por qué no hemos apoyado ‘codo con codo’ a los hermanos envenenados por la Caja del Seguro? ¿Por qué dejamos que la gente pague dos dólares (que no los vale) por una tarjeta del Metro Bus o un dólar (que no lo vale) por una tarjeta en Albrook? ¿Por qué dejamos que nos sigan discriminando y ofendiendo con el ilegal “pelepolís”? ¿Por qué no hay nadie condenado por los siete muchachos cobardemente quemados (2011) o los asesinados y baleados en Changuinola (2010) y San Félix (2011 y 2012)? ¿Existe el pecado de omisión o no?

No sigamos siendo piedra de escándalo. Ojalá tuviéramos (me incluyo) el valor de denunciar estas cosas injustas, inmorales e ilegales…

Jorge Sarsaneda del Cid

chigontodobu@gmail.com

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