Obras son amores…

-a propósito de los 25 años de la Conapi-[i]

Jorge Sarsaneda del Cid

Isla Colón (Bocas del Toro)

311211

Mon. José Agustín Ganuza en el VIII ENPI, octubre del 2004. Foto HEH.

-¿Prometes obediencia crítica y responsable a tu obispo?”. Así me preguntó aquella tarde del 19 de diciembre de 1976, el que fue Obispo Prelado de Bocas del Toro (Panamá). Para mí era más que obispo, también había sido profesor y guía, era pastor y líder, era y es ejemplo y amigo.

José Agustín Ganuza García, agustino recoleto, navarro de nacimiento (1931) y panameño por adopción, sirvió a la Prelatura de Bocas (provincia que incluye la región Ñö Kribo de la Comarca Ngäbe-Buglé) durante treinta y seis años (1972-2008) cuando fue relevado en el cargo por el obispo actual, Aníbal Saldaña Santamaría, oar.

¿Qué tiene que ver el obispo Ganuza con la Coordinadora Nacional de Pastoral Indígena (Conapi) y sus 25 años? Pues, sencillamente que, sin él no hubiera sido posible este rico caminar de servicio y acompañamiento. Por supuesto que los misioneros, misioneras y catequistas han sido la parte fundamental de este camino, pero él fue el motor durante más de treinta años.

Su presencia y ánimo fueron claves cuando después del impulso inicial del primer Encuentro Nacional de Pastoral Indígena (ENPI-1979), los ímpetus se enfriaron y parecía que la iniciativa de una pastoral indígena de conjunto iba a quedar sólo en buenos deseos.

Durante años animó, medió, invitó, hizo de puente, consiguió aliados, escuchó, se dejó asesorar, elaboró proyectos, defendió la causa, asistió a talleres, cursos, reuniones, firmó comunicados, declaraciones, escribió ingente cantidad de artículos, en fin, fue el motor de la pastoral indígena.

Un ejemplo de esta actividad es su escrito sobre los primeros veinte años de la Conapi, con sus antecedentes y consecuencias[ii]. En él, hace un repaso de los primeros ocho Encuentros nacionales (1979-2004) y recuerda los inicios humildes de la Conapi y los trabajos hechos con su apoyo. Obviamente no se alaba a sí mismo, pero todo ese trabajo no hubiera sido posible sin él.

Pero hagamos un poco de historia, sobre todo ahora que la suerte de los pueblos indígenas se ve amenazada por megaproyectos nacionales de desarrollo. Creemos que se hace necesaria una mirada retrospectiva para alimentar el compromiso de la Iglesia Católica y encontrar en los que nos han precedido inspiración e impulso…

Antes del 72: los precursores.

Los pueblos originarios en Panamá, desde tiempos de la colonia, han habitado tierras y lugares que han estado al margen de la urbanización y los recursos del desarrollo. Las selvas del Darién y Panamá, las islas de Guna Yala[iii], las montañas de Chiriquí, Bocas y Veraguas, etc, han sido el asentamiento de ellos. Hasta ahí, durante cientos de años, los misioneros han intentado llegar, con mayor o menor acierto, para predicar la Palabra.

En uno de estos lugares fue creada la Prelatura de Bocas del Toro, en 1964. Sin embargo, desde el lejano 1883, ya existían esfuerzos firmes y permanentes por formar la iglesia católica en estos lugares aunque no tanto entre los “infinitos indios de la montaña”, escribe don Agustín, en uno de esos ‘sabrosos’ y vivaces escritos con los que nos regaló durante años. En 1891, el poco recordado misionero paulino José Volk, hizo las primeras “misiones entre los indios del Kreekamola”.

En 1930, se construye el primer puesto algo permanente, en Kankintu (actual Comarca Ngäbe-Buglé, región Ñö Kribo). En 1950 ya hay una escuela y una capilla. En 1967, el señor obispo Legarra logra formar el primer equipo misionero (dos agustinos recoletos y cuatro hermanas lauras) permanente en ese lugar y se funda la parroquia de San Agustín.  Desde entonces, ininterrumpidamente, han seguido los agustinos recoletos “con humildad y respeto, en actitud evangelizadora” tratando de responder a este reto “de una pastoral de inculturación[iv].

Como el mismo obispo Ganuza señala en un escrito, la pastoral indígena organizada, en Panamá, tiene sus antecedentes e impulsos en varias reuniones latinoamericanas y aun antes, en los muchos misioneros –conocidos y desconocidos- que nos precedieron en la vivencia de la fe en Jesucristo: Adrián de Santo Tomás, op; Melchor Hernández, ofm; Esteban Ferriol, sj; Pablo José Volk, cm; Jesús Erice, cmf; por sólo citar unos cuantos.

Aunque Medellín no abordó el tema, ese mismo año se realizó una reunión en Melgar (Colombia) donde se trató la problemática de la pastoral indígena. Más adelante, en Iquitos (Perú, 1971) y Asunción (Paraguay, 1972) se fue “clarificando el ser y el quehacer de las misiones entre los pueblos indígenas y sus objetivos fundamentales[v].

Fortaleciendo bases: 1972-1979

Cuando, en 1972, es nombrado Prelado de Bocas, don Agustín empieza a fortalecer lo que impulsó el obispo Legarra: cuatro parroquias, un colegio, el poco personal apostólico. Como buen escritor que es, ha dejado innumerables cartas buscando apoyos, promoviendo proyectos, aclarando dudas, difundiendo el trabajo, sobre todo en las áreas indígenas de la Prelatura. Con finura, incluso con detallismo, va desgranando experiencias, contando anécdotas, resaltando hechos escondidos, haciéndose eco de lo mucho que sucedía en la prelatura.

En 1975 se estaba gestando en las montañas del Tabasará un proyecto que podría llegar a ser la ruina y muerte de la cultura y del mismo pueblo ngäbe: la mina de cobre y oro de Cerro Colorado. Un proyecto que afectaba la mayor parte de lo que hoy llamamos Comarca Ngäbe-Buglé.

Aunque no existía la Conapi, misioneros de varias partes del país, preocupados por esta situación, apoyados por los obispos (sobre todo Núñez y Ganuza) iniciaron trabajos de coordinación, acompañamiento, investigación, divulgación, búsqueda de solidaridad, etc. Ya teníamos el antecedente de la represa del Bayano y los efectos en los kuna, emberá y wounaan de esa zona, no se podía caer en lo mismo otra vez.

En abril de 1979, el obispo Núñez publicó una carta pastoral sobre el tema, con muchos datos, basada en estudios serios, denunciando los graves peligros que se cernían sobre el pueblo indígena con dicha mina. Luego los demás obispos, Ganuza incluido, apoyaron con una carta a nivel nacional[vi].

En octubre de 1979, por iniciativa de varios misioneros y el apoyo decidido de don Agustín, en el Centro Misional Jesús Obrero de Tolé (diócesis de David) se celebró el que luego fue llamado primer Encuentro Nacional de Pastoral Indígena (I ENPI)[vii]. Acudieron de Darién, Guna Yala, Bocas del Toro y Chiriquí, se compartió, nos ilusionamos, nos apoyamos, soñamos, se pusieron las bases para la futura Coordinadora Nacional de Pastoral Indígena.

En este encuentro se formularon líneas importantes: “Apoyar la lucha de estos pueblos por su tierra… Apoyar las organizaciones autóctonas… Defender los recursos naturales… Promover la creación de una iglesia autóctona… Denunciar casos concretos de explotación y opresión[viii] y otras que, en adelante, serán también ‘bandera’ en los escritos de don Agustín Ganuza.

También se proponen actitudes que –dice Agustín- “habrán de acompañarnos en nuestro afán misionero: autocrítica –‘estamos lejos de vivir lo que predicamos’-, humildad –pedimos perdón por nuestras faltas y limitaciones’-, conciencia de gratuidad –‘reconocemos que la vocación misionera es una gracia’-, generosidad –‘todo lo que somos queremos ponerlo al servicio de los indígenas’-, conciencia de nuestro ser –‘somos evangelizadores’-, causa por la que luchar –‘vivimos con los pueblos y escuchamos su clamor que exige justicia y respeto’-. La semilla estaba echada”, concluye el obispo[ix].

Como ejemplo, la carta que surgió del mismo Encuentro, firmada por tres obispos, nueve sacerdotes y seis religiosas, en la que unían su voz “al clamor del pueblo guaimí” y pedían que se cumpliera la “promesa” de definir la Comarca[x].

Con el Panamá profundo: 1980-1991

Una vez dado el primer paso, don Agustín fue “todo oídos” y aceptó complacido la celebración del primer Encuentro de misioneros del área Guaymí (Emag), como se llamó entonces y que siempre recuerda, agradecido y emocionado, en sus escritos[xi].

En esa primera reunión, celebrada en Kankintu, se toma la decisión de continuar cada año reuniéndose los misioneros que trabajan entre los ngäbe[xii].  Así, de 1981 a 1985, se realizan los Encuentros segundo al sexto y se hace un paréntesis para realizar el II Encuentro Nacional en 1986 (Panamá), para continuar con los Encuentros séptimo y octavo (87 y 88).

En medio de estas actividades y dando seguimiento al tema de Cerro Colorado, se logró unir fuerzas con grupos de investigación, profesionales preocupados por la situación, misioneros de todo el país, grupos solidarios a nivel internacional, y se convocó a un Encuentro que se llamó Foro Guaymí, en marzo de 1981.

Aquí, don Agustín también fue el “alma” impulsora y animadora. En su discurso inaugural dijo: “Dicha esta palabra de alegría, de bienvenida y de esperanza, siento la necesidad de decir otra palabra. Una que arranca de nuestra historia…y que hoy interpelan nuestra conciencia colectiva, solidaria, de cristianos. Siento la necesidad de pedir perdón de nuestros hermanos guaymíes, por las veces que en ese pasado histórico no supimos respetar la dignidad o los derechos de ese pueblo[xiii].

Pero no sólo asume esta posición valiente e inédita, también presenta la denuncia clara de la realidad actual: “El pueblo guaymí vive la angustia de una situación permanente de amenaza. Está amenazado en lo más vital, en su misma supervivencia como pueblo. Está amenazado en lo más valioso que posee, que es su cultura…Y esta amenaza le llega no ya de aquella autoridades coloniales, tan lejanas; la amenaza proviene ahora de grupos y autoridades del propio país, con espíritu colonialista y aliados a las transnacionales de la explotación[xiv].

Una crítica profética, directa y sin tapujos, que se echa en falta treinta años después de pronunciada, porque la situación no ha cambiado mucho.

En 1985 hay una reunión para preparar el II ENPI a realizarse en octubre del siguiente año. De ello dan fe las cartas, resúmenes, invitaciones, preparativos del Prelado para que se continuara el esfuerzo de 1979. Asesores del CELAM y del Consejo Indigenista Misionero de Brasil estuvieron presentes.

Un documento que influyó en esta preparación y en el mismo Encuentro fue el llamado “La evangelización desde los pueblos indígenas”, fruto de una reunión episcopal realizada en Bogotá (1985), en la cual participó don Agustín Ganuza[xv].

Es interesante señalar el título del documento final de este II ENPI: “La iglesia a la escucha y al servicio de los pueblos indígenas”. Esto nos da la tónica del ambiente y las intenciones. Aquí se decide la creación de la Coordinadora Nacional de Pastoral Indígena y se solicita la carta pastoral tantos años relegada.

En el primer Encuentro Nacional fuimos 28 participantes, en el segundo hubo 103 asistentes, aunque la minoría eran los indígenas. Esto fue cambiando poco a poco y ya en el tercer Encuentro Nacional (1989, Panamá) hubo 105 participantes, y 52 eran indígenas[xvi]. Para todo este esfuerzo, obviamente se necesitaba no sólo ganas, ilusión, trabajo, sino también dinero. El Prelado era quien hacía las gestiones en su busca y era quien, como presidente de la Conapi, invitaba, los animaba, los presidía.

Mientras tanto, continuaban los esfuerzos de don Agustín por fortalecer la Prelatura, pero especialmente el Centro misionero de Kankintú con su escuela, centro de salud y el centro de formación de catequistas. De estos afanes tenemos un buen número de relatos publicados[xvii].

Hay otro hecho muy importante para la pastoral indígena y también para el caminar del pueblo ngäbe y del pueblo buglé: lo que fue llamado ‘Encuentros de Tolé’. En marzo de 1986 se realizaron en Tolé dos Congresos Generales Guaymíes (Kribarigätde y Migarigätde), uno apoyado por el gobierno y otro no. Esto obviamente provocó división y se solicitó la mediación de los obispos para lograr la unidad hacia el logro de la Comarca.

Entre 1986 1987 hubo muchos comunicados, noticias, cartas y respuestas, en las cuales don Agustín era uno de los protagonistas principales. Se aceptó la mediación, se buscó el dinero para apoyarla y se dieron cinco encuentros entre dirigentes indígenas, en Tolé, con la mediación del Obispo. Al final, un grupo no cumplió con los acuerdos, la situación política impidió reuniones y no se llegó a nada. Lo que quedó claro fue la intención mediadora de la iglesia católica y el firme deseo de una delimitación justa de la Comarca para los pueblos ngäbe y buglé.

En 1989, “tocaba” la celebración del III ENPI y la Conapi, con don Agustín a la cabeza inician los preparativos desde enero de ese año. Este Encuentro se daba en medio de la preparación del llamado ‘V Centenario’ y las referencias al mismo suscitaban muchos sentimientos y palabras a favor y en contra de los ‘500 años’. En el Encuentro hubo asesoría del Celam y del Cenami (México). Al final se elaboró un documento que se tituló: “Llegamos a enseñar y nos cambiaron”.

Esta fue una coyuntura que mostró el temple de don Agustín, su dignidad, su amor a la causa indígena y su amor a la iglesia. El documento inicia en forma solemne, en un lenguaje inteligible para el 95% de los presentes: “En nombre de Ngöbö, Dios de los Ngóbe, en nombre de Paba, Dios de los Kuna, en nombre de Ankoré, Dios de los Emberá…” y sigue nombrando los nombres de Dios para los otros pueblos Waunaan, Naso y Buglé[xviii].

Esta introducción suscitó una controversia con acusaciones como la de invocar “dioses del pasado”, calificativos de “inadmisible, intolerable, indignante”, o de que “no se podía permitir algo así”. Don Agustín no se arredró, convocó a algunos participantes, escribió cartas, defendió el documento. Este proceso duró ¡dos años! y finalmente, logró una reunión con la Conferencia Episcopal en la cual se hicieron las aclaraciones pertinentes en base a discursos del Papa Juan Pablo II y a un documento de los obispos de México[xix].

Cosechando: 1992-2008

Después del III ENPI y todas las controversias, reuniones, dolores de cabeza, incluso resentimientos que provocó, la pastoral indígena de conjunto logró continuar fortalecida, profundizando sus compromisos, ampliando sus relaciones.

Se desarrollaron los ENPI cuarto (1992), quinto (1995), sexto (1998), séptimo (2001), octavo (2004) y noveno (2007). Todo un monumento de constancia y esfuerzos. Un verdadero proceso de pastoral de conjunto. También se dio en Panamá el Encuentro Latinoamericano de Teología India (en Colón) y se participó en varias reuniones de la Asociación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígena (AELAPI). Tampoco hay que olvidar que en estos años se tuvieron las Conferencias generales IV y V del CELAM, en las cuales participó también don Agustín.

En el IV ENPI se elaboró una carta (firmada por cinco obispos), a propósito del ‘V centenario’. En ella encontramos frases pocas veces dichas en la iglesia panameña: “Como pastores y misioneros no indígenas… reconocemos la parte de responsabilidad que tuvo nuestra iglesia en ese pasado de injusticias y pecado… pedimos perdón a Dios y a ustedes: Por no haber sabido reconocer la presencia del Dios único en la vida de los pueblos indios…Por haber confundido frecuentemente el anuncio del Evangelio de Jesús con la imposición de una cultura… Por la ambigüedad peligrosa… de la alianza con unos poderes que humillaron y atropellaron a los pueblos indígenas…”[xx].

A esta carta, los 52 indígenas presentes en el encuentro, respondieron, entre otras cosas: “Les agradecemos por la solidaridad con nuestro dolor y por el acompañamiento fraterno en la larga espera de la resurrección que tarda en llegar para nuestros pueblos… Necesitamos su apoyo con hechos reales y medibles en nuestro caminar… hacia una iglesia nativa donde… seamos sujetos plenos…”[xxi]

Hay dos trabajos importantes en los cuales se involucró a profundidad don Agustín y la Conapi en este tiempo: el intento de desarrollar una Carta Pastoral sobre la cuestión indígena (1992) y el apoyo a la lucha por la Comarca para los Ngäbe y Buglé.

Aunque estaba solicitada y propuesta desde antes, en agosto de 1992 se puso manos a la obra y se elaboró un borrador de Carta Pastoral “sobre las Primeras Naciones de Panamá[xxii]. No sabemos por qué no vio la luz este documento, pero tiene mucha riqueza, reflexión de las comunidades, experiencias, fundamentos teológicos, sugerencias concretas. El obispo invirtió tiempo y esfuerzos, pero…

El otro asunto, que llevó más tiempo, sí tuvo resolución aunque hubo que esperar ¡17 años! desde que se empezó a pedir, solicitar, exigir por parte de la iglesia. Los indígenas llevaban por lo menos el doble de tiempo exigiéndola. Sólo mencionamos algo de la invocación hecha por don Agustín, en Kankintú, en el acto formal de ‘entrega’ de la Ley 10 (1997): “Me siento emocionado de poder participar en este acto único e irrepetible. Termina aquí un largo período de afanes, esfuerzos, esperanzas, promesas y frustraciones, al que dimos en llamar ‘la historia interminable’ de la lucha por la comarca… Hoy comienza otra etapa en la vida de los ngobe y buglé: la de ir organizando hacia adentro y hacia afuera la comarca[xxiii]. Agustín sabía muy bien de qué ‘afanes, esfuerzos y frustraciones’ hablaba.

Los ENPI de 1995 a 2007 están llenos de afanes y esfuerzos de don Agustín: cartas, consecución de fondos, presentaciones, palabras de ánimo, reuniones y más reuniones, documentos y más documentos.

Hay mensajes muy ricos que valdría la pena transcribir pero no hay espacio, como aquel de los “signos de vida”, del VI ENPI (1998)[xxiv]; o aquel otro del VII ENPI (2001) en el que firman una “letanía” de mucha actualidad[xxv]; o las graves preguntas que se plantean en documento final del VIII ENPI (2004) junto con una riquísima investigación sobre migración indígena interna en Panamá[xxvi].

Concluyendo: ¿Hacia una iglesia autóctona?: 2008…

Son muchos los frutos de este caminar por los cuales don Agustín Ganuza ha de sentir que Dios lo ha bendecido. Él asume una valoración que hizo un gran conocedor del tema, Eleazar López Hernández[xxvii]: “Los misioneros con pueblos indígenas de Panamá son los únicos que en Latinoamérica realizan estos encuentros, reconocidos como un espacio de la Iglesia, en el que participan todos los niveles, como un proceso que se va construyendo con el esfuerzo grande de parte de todos[xxviii].

Los últimos tres años ha habido muchas actividades de la Conapi, aunque ya sin la presencia animosa de don Agustín: Encuentros de Misioneros de las áreas ngäbe, bugle, naso y bribri (2008, 2009 y 2011), el X ENPI (2010), participación en encuentros de teología india, acompañamiento en las luchas indígenas, talleres sobre idiomas, investigaciones, comunicados públicos, presencia en Congresos indígenas, etc.

Sin embargo, aún nos falta mucho, mucho. Los misioneros –en general- aún no logramos profundizar plenamente en los idiomas indígenas; las liturgias en las comunidades avanzan tímidamente en el difícil camino de ser católicas y autóctonas; aquella carta pastoral sobre la realidad indígena que con tanta ilusión se trabajó en 1992, todavía no es realidad; el curso-taller de introducción a la realidad indígena, todavía está en deseos;…

Pero, vamos caminando. Apenas son 25 años. Si miramos hacia atrás, a aquella primera escuelita y capilla en el “Kreekamola”, sí es mucho lo que se ha avanzado. Le hemos ganado a la inconstancia, como alude don Agustín en sus escritos. Recordemos en estos tiempos de Asamblea Pastoral Nacional, aquella de 1990 que “optó por una evangelización inculturada, como esfuerzo continuado por encarnar el Evangelio en todas y cada una de las culturas y pueblos de Panamá… en un proceso gradual, progresivo, difícil y, muchas veces, doloroso[xxix].

Agradecimiento final y filial

Don Agustín, Mon, “que el Señor te mire con benevolencia, que su rostro resplandezca en ti y te conceda la paz” (Números 6:27), no tenemos cómo agradecer tu trayectoria a favor de los pueblos indígenas de Panamá. Tú dirás que simplemente has hecho tu trabajo, pero ojalá todos pudiéramos tener la constancia, el empeño, la tenacidad, la pasión que has puesto en la defensa, entrega, cariño a estos pueblos.

Desde tu retiro silencioso y digno, te pedimos oraciones por nuestra iglesia ngäbe, guna, emberá, wounaan, buglé, naso y bribri. Pide por todos aquellos que nos podemos sentir, como tú en algún momento, “en el límite de las fuerzas”[xxx] y las necesitamos para seguir adelante.

¡Ngöbö reba mäben köböitire köböitire, Ji dogwoe kri! (¡Dios queda contigo siempre, obispo!).

[i] Por iniciativa del actual Prelado de Bocas del Toro, don Aníbal Saldaña Santamaría, oar, se escribe esta reseña-relato-resumen-conjunto de recuerdos sobre la Conapi y parte de la labor del anterior Prelado, don José Agustín Ganuza García, oar. Con gusto he hecho la “tarea”, es más, he salido enriquecido.
[ii] Cfr Ganuza García, oar, J. A. (2006a) “De una pastoral indigenista a una pastoral indígena. ENPIs y CoNaPI”, Varios, Encuentro Extraordinario de Pastoral y Teología India: 47-68, Conapi, 23-24 agosto, Panamá.
[iii] En el texto se encontrarán referencias a los ‘kuna’ y los ‘guna’, lo mismo que a los ‘ngobe’ y ‘ngäbe’, etc. Hasta diciembre de 2010 no se adoptó una ley reglamentando la escritura indígena, por eso hay diferentes formas en el texto, respetando los momentos en que fueron escritas. Los pueblos originarios de Panamá son: ngäbe, guna, emberá, buglé, wounaan, naso y bribri.
[iv] Cfr. Ganuza García, oar, J. A. (2006b) Bocas del Toro: un acercamiento a su realidad, Pastoral Social-Cáritas, Panamá, p. 145.
[v] Ganuza G., J. A. (2006a), p. 49.
[vi] Cfr. Daniel E. Núñez N. y consejo presbiteral (1979) El pueblo guaymí y Cerro Colorado. Carta Pastoral, David, Panamá. Cfr. también Conferencia Episcopal Panameña (1979) Los Obispos hablan de Cerro Colorado. Carta Pastoral, Panamá. Ambos documentos se encuentran en el libro El pueblo guaymí y su futuro (1982).
[vii] Cfr. Sarsaneda, J.; Fernández, B.; Machuca, M.; García, M. (1993) Jutda mógwe rabai jutda tigwe, San Félix, Panamá, pp. 87-93.
[viii] Cfr. Idem, pp. 92-93.
[ix] Ganuza G., J. A. (2006a), p. 50.
[x] Cfr. Sarsaneda, J. et alii (1993), p. 71.
[xi]Cfr. Ganuza G., J. A. (2006b), pp. 88 y 220.
[xii]Cfr.  Gjording, sj, C. (1980) “Encuentro de misioneros hubo en Bocas del Toro”, La Estrella de Panamá, noviembre, Panamá.
[xiii] Ganuza G., oar, J. A. (1982) “Introducción al Foro”, Foro Guaymí y Ceaspa (eds.), El pueblo Guaymí y su futuro, Panamá, pp. 17 y 19.
[xiv] Idem, p. 21.
[xv] Cfr. Varios (1989) “La evangelización de los indígenas en vísperas del medio milenio del descubrimiento de América”, Documentos de Pastoral Indígena: 95-116, Demis, Bogotá. Existe una versión “no censurada” por el Celam, publicada por el CETA de Perú.
[xvi] Sarsaneda, J. et alii (1993), p. 124.
[xvii] Cfr Ganuza G., J. A. (2006b), donde hay por lo menos 22 artículos que hablan de sus desvelos entre y por los indígenas.
[xviii] Sarsaneda, J. et alii (1993), p. 107.
[xix] Cfr. “Discurso del Papa Juan Pablo II a los aborígenes en Australia, diciembre 1986”, Otero, op, L. M. (2003) La inculturación en los documentos de la Iglesia: 47-48, Ak’Kutan, Guatemala; y Comisión Episcopal para Indígenas (1988) Fundamentos teológicos de la pastoral indígena en México, CEM, México, pp. 115-116.
[xx] Sarsaneda, J. et alii (1993), p. 111-114.
[xxi] Idem, p. 115-116.
[xxii] Cfr Varios (1992) Apuntes para una Carta Pastoral sobre las Primeras Naciones de Panamá, Archivos de Conapi, 66 pp., [inédito].
[xxiii] Cfr. Ganuza G., J. A. (2006b), pp. 93-96.
[xxiv] Conapi (2000) El Espíritu de Dios, sentido y vida de nuestros pueblos y sus culturas, Memoria VI ENPI, Pastoral-Social Cáritas, Panamá, pp. 62-65.
[xxv] Conapi (2003) Misión y Misioneros siglo XXI. Diálogo pastoral y diálogo entre culturas. Memoria VII ENPI, Pastoral Social-Cáritas, Panamá, p. 26.
[xxvi] Conapi (2006) Migración indígena en Panamá y la Fuerza de los pequeños. Memoria VIII ENPI, Pastoral Social-Cáritas, Conapi, Panamá, p.
[xxvii] Sacerdote zapoteca, de México, que nos ha asesorado en varios ENPIs y en reuniones regionales.  Trabaja en el Centro Nacional de Ayuda a Misiones Indígenas (Cenami).
[xxviii] Ganuza G., J. A. (2006a), p. 67.
[xxix] Ganuza G., J. A. (2006b), p. 159.
[xxx] Cfr. Idem, pp. 190-195.
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